Opinión
Animal Humano
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
* Profesor de investigación del CSIC
Siempre me ha sorprendido la ligereza con que, al tratar del sexo entre los animales, tendemos a identificarlos como modelos de comportamiento. Que los machos de tal especie galantean a muchas hembras y luego las abandonan, pues enseguida habrá quien comente “como debe ser”. Que en tal otra especie son las hembras quienes cortejan a los machos y estos los que cuidan a la prole, pues de inmediato se oirá “a ver si aprendéis”. Es como si, para muchos, nuestra naturaleza animal determinara las decisiones que tomamos, cuando es obvio que no ocurre de ese modo. Es más, lo específicamente humano, muy probablemente, es la capacidad de superar los condicionantes biológicos de la existencia.
No podemos evitar que nuestras raíces animales nos condicionen, pero sí que podemos luchar para minimizarlo. Al fin y al cabo, sin ir más lejos, eso conseguimos a través de la tecnología. ¿Acaso volar a 1.000 km por hora y 10.000 m de altura no es superar las limitaciones biológicas de un mamífero terrestre? Siempre recuerdo, a este respecto, a José Antonio Valverde, que fue mi mentor en Doñana y tal vez la personalidad más genial que he conocido. Valverde sostenía que el gran hallazgo de la Revolución Francesa fue identificar y nombrar a las tres grandes utopías que supondrían, de alcanzarse, librarnos de las ligaduras animales. Entre ellos, la libertad no es completa, pues sólo pueden practicarla en el interior de su territorio, ya sea individual o social. La igualdad no suele existir, es más frecuente la jerarquía, que unos pocos acaparen la mayoría de los recursos y otros aspiren a sustituirlos para hacerlo. Y en cuanto a la fraternidad, es bien sabido que el nepotismo, favorecer a los que llevan los mismos genes que uno, es norma en la naturaleza. Libertad, igualdad y fraternidad son, pues, hermosas aspiraciones humanas, precisamente porque no forman parte de nuestro legado biológico, son conceptos que nosotros mismos hemos inventado.
También podemos patentar la comprensión mutua, el diálogo y los pactos para sustituir a la violencia. Pero seguimos matando sin venir a cuento, contra la voluntad y la sensibilidad de casi todos. Aún somos poco humanos y demasiado animales. Tal vez porque, como escribió León Felipe: “Estoy hecho de un barro/ que no está bien cocido todavía./ ¡Tenía que pedir perdón a tanta gente!/ Pero todos se han muerto”. Ojala dejen de fabricar muertos y pidan perdón.