Opinión
Armas del Pleistoceno
Por Ciencias
ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos
En una columna publicada hace varios meses traté sobre las lanzas de madera encontradas en 1995 en el yacimiento de Schöningen (Alemania) y publicadas en la revista Nature. Estas armas, que tienen una antigüedad de 400.000 años, sorprendieron a los arqueólogos por su sofisticada tecnología, comparable a las jabalinas utilizadas en los juegos olímpícos.
Hace algunas semanas tuve ocasión de charlar con mi amigo Alfonso Esquivel, mientras disfrutábamos de una cerveza en el Passeig de Gracia de Barcelona. Alfonso se había preocupado de investigar sobre el tema y había llegado publicar un artículo científico sobre los hallazgos de Shöningen. Me comentó que, además de las lanzas, los arqueólogos encontraron un estaca de 78 centímetros de longitud y un diámetro de 3 centímetros. La puntas afiladas y una cierta angulación hacia la mitad de su longitud llamaron la atención de los científicos.
Enseguida los investigadores se fijaron en evidencias arqueológicas similares mucho más recientes de Egipto y Europa. Pero el mejor paralelismo con el hallazgo de Shöningen se encontró entre las armas fabricadas por los aborígenes australianos: los famosos boomerangs. Alfonso nos relata en su artículo cómo estas armas tienen formas muy variables y su utilidad no se limita a la que todos conocemos. El boomerang clásico tiene los brazos de tamaño desigual y se lanza de manera horizontal. El arma gira sobre sí misma y describe una trayectoria curva debido a la desigualdad de sus brazos. Así, el boomerang acaba por regresar hasta el lanzador. El objetivo de este artilugio no es necesariamente alcanzar una presa, sino levantar el vuelo de ciertas aves, para se abatidas por otros cazadores.
Sin embargo, los aborígenes australianos poseen otro tipo de boomerangs, cuya forma es muy similar a la de la pieza encontrada en Shöningen. Este arma también gira sobre sí misma, pero en este caso no se persigue que regrese a su punto de origen. El arma debe ser lanzada de manera vertical para alcanzar en línea recta y vuelo directo la presa elegida. La forma de los brazos permite que el boomerang gire también sobre sí mismo y ascienda una cierta altura antes de alcanzar la presa.
Por esta y otras evidencias, resulta muy claro que los miembros de la especie Homo heidelbergensis, disponían de una gran capacidad tecnológica. Si algún recién nacido de esta especie (que no forma parte de nuestro linaje evolutivo) pudiera viajar al presente y se educara en una familia de un país occidental, es muy probable que pudiera llegar a estudiar en la universidad. Una buena cura de humildad para nuestra soberbia de Homo sapiens.