Opinión
Así se soluciona la corrupción
Por Juan Carlos Escudier
-Actualizado a
Los políticos corruptos no son setas que surgen de la nada tras un verano lluvioso. Si están ahí en actitud sobrecogedora, distrayendo el dinero público hacia sus bolsillos o cobrando el porcentaje del puente que prometieron donde nunca hubo un río, es porque alguien promocionó su carrera y les dio la combinación de la caja fuerte, antes de mirar para otro lado cuando el valor de sus escobillas del váter sobrepasaron lo políticamente correcto. Los corruptos no vienen solos. Alguien les nombra, les da cobertura y favorece su impunidad hasta negar la evidencia. No son productos del azar sino de la lógica.
Pillados en renuncio, lo habitual es que sus mentores queden muy consternados, porque quien lo iba a decir con lo buenos chicos que parecían, y aludan a que en todos partes cuecen habas, como si tuviéramos que aceptar una suerte de estadística, según la cual un número indeterminado de concejales, alcaldes, directores generales, ministros o presidentes autonómicos resultan manilargos, y contra eso no se puede luchar porque está en su naturaleza. Al PP, por ejemplo, muchos de sus dirigentes en Valencia y Baleares les están saliendo rana, pero en porcentaje tan elevado que esto empieza a asemejarse a una de las siete plagas de Egipto. ¿Qué se hace con estas ranas? Pedir que se respete su presunción de inocencia y que no se les saque en el telediario porque los batracios también tienen derecho a mantener limpia su imagen.
Al contrario de lo que parece, se nos asegura que estamos ante casos aislados y que la mayoría de los políticos son honrados. También deben de ser muy distraídos, porque ya es casualidad que entre tanta gente decente, íntegra e intachable no haya nadie que se percate de los prodigiosos saltos de la rana que tienen a su lado.
Quizás haya llegado el momento de que los partidos sean considerados responsables civiles subsidiarios de los latrocinios de sus dirigentes. Si quienes les han puesto al frente de ministerios, diputaciones o comunidades tuvieran que retratarse ante la factura de estos pillajes, la selección de personal mejoraría una barbaridad o, en su defecto, se robaría bastante menos. Hasta que esto no ocurra seguiremos pagando a escote los rólex y el Vega Sicilia; y es que corruptos serán, pero tienen un gusto refinadísimo los condenados.