Opinión
Auschwitz
Por Espido Freire
-Actualizado a
Una de las obsesiones europeas, posiblemente apenas apuntada, susceptible de matices, y revisiones, y ajustes de cuenta, continúa siendo el exterminio que llevaron a cabo los nazis en razias y luego en campos de concentración. Una película, El último tren a Auschwitz, y una ópera infantil, Brundibar, han retomado esa preocupación durante los pasados días.
No se deja de hablar de los dolores hasta que se han resuelto. La brutal involución moral de la Europa de esos años resulta aún hoy inexplicable. Alemania reconoció su parte de culpa, pero no ha sido así con otros países involucrados, como Francia, o como parte de las repúblicas bálticas, que colaboraron de buen grado en las matanzas judías, y en la entrega de individuos indeseables. Algunos ensayos históricos apuntan hacia la responsabilidad individual: por encima del horror, de las presiones y la tendencia general, podía elegirse tomar parte o no de los hechos. En el espejo reciente, un fantasma. ¿Pueden los genocidios, patrimonio ahora de cualquiera que no entre en el círculo luminoso, ilustrado, de Europa, cruzar de nuevo la línea? ¿Era Bosnia realmente europea? ¿A quién echar la culpa? ¿Cuándo será posible, en las universidades, en los institutos, impartir una clase de historia europea, libre de las petulancias nacionales y con la responsabilidad histórica de cada país bien repartida? ¿Cuánto cuesta, en realidad, reconocer una culpa pasada, como ahora se pide de manera constante a la Iglesia?
Mientras España cuestiona la letra de un himno nacional de escaso valor poético y demasiados infinitivos, yo echo de menos una revisión real, de nuestro pasado; el siglo XX, por ejemplo. O, más concretamente, una película sobre Franco, o incluso un reportaje, similar a El hundimiento. Sin gazmoñerías, sin nada políticamente correcto, con la distancia suficiente como para no incurrir en inexactitudes. Los alemanes lo han conseguido. Nosotros, que alardeamos de un pasado democrático veloz, flojeamos en enfrentarnos a los errores pasados con la naturalidad de quien ha meditado y aprendido. Así no se evitan Auschwitzs.