Opinión
El auténtico ‘supercoco’
Por Ciencias
MICROBIOGRAFÍAS // JORGE BARRERO
En 2003, científicos de EEUU lograron insertar una canción cifrada en el ADN de una bacteria. Eligieron, con dudoso gusto estético, la letra de Muy pequeño el mundo es, un éxito de Disney. Lejos de ser una exhibición frívola, el estudio demostró la utilidad de una célula como sistema de almacenamiento de información en el caso de, por ejemplo, una catástrofe nuclear. Un disco duro vivo, capaz de resistir a las condiciones ambientales más adversas. La bacteria elegida para custodiar el mensaje, Deinococcus radiodurans, es nuestro héroe del día.
O quizás debería decir superhéroe, si consideramos que entre sus habilidades está la de soportar 3.000 veces más radiación que el ser humano y sobrevivir a condiciones extremas de vacío, sequedad y aceleración. Al estilo de otros ídolos, como Hulk o Spiderman, D. radiodurans se presentó en sociedad durante un experimento radiactivo. En 1956 esta bacteria de color rojizo echó a perder las muestras de carne enlatada de un estudio sobre esterilización de conservas con radiación, sobreviviendo a todas las dosis. D. radiodurans debe sus superpoderes a un sofisticado sistema anti-mutaciones que incluye copias de seguridad para la mayoría de los genes. Un mecanismo tan eficaz que le permitiría soportar durante siglos las duras condiciones del vacío espacial. De hecho, algunos científicos sugieren que podría haber llegado a la Tierra a bordo de un meteorito hace millones de años.
En realidad, los partidarios de esta hipótesis proponen el origen extraterrestre de las primeras formas de vida terrícolas. Las capacidades de D. radiodurans serían, como los poderes de Superman, un vestigio de habilidades que eran comunes a todos los habitantes de su ecosistema de origen –¿Marte?–. Otros linajes, incluido el nuestro, habrían perdido sus poderes al acomodarse a las suaves condiciones de nuestro planeta. Sea o no nativa de Marte, parece que D. radiodurans tendría probabilidades de adaptarse al duro entorno del planeta rojo. Esta idea la ha hecho muy popular entre los fans de la terraformación, una disciplina que especula con la idea de convertir otros mundos en lugares habitables para el ser humano, mediante procesos de ingeniería planetaria. Los más optimistas consideran que introduciendo especies como esta superbacteria, Marte podría estar disponible “para entrar a vivir” en unos miles de años. Una razón más para no descuidar el planeta Tierra, que va a seguir siendo nuestro único refugio al menos a corto plazo y como dice la canción de Disney, “It’s a small World, after all”.