Opinión
Berlusconi baila sobre nuestras tumbas
Por Joan Garí
-Actualizado a
Llevamos meses dándole vueltas a los escándalos del cavaliere y éste, sin embargo, no parece afectado en lo más mínimo. Sus índices de popularidad pueden oscilar ligeramente, pero eso no lo despeina. La clave está, por supuesto, en lo que tiene delante, que no sé si puede llamarse izquierda pero en todo caso no puede llamarse oposición.
El problema es que ése es el modelo que se extiende por toda Europa. No el de la desfachatez machista de don Silvio y su control mafioso del poder, sino el del descalabro permanente de la izquierda con posibilidades de gobernar. Berlusconi es sólo un síntoma. Lo categórico es la crisis del campo progresista. El problema de la socialdemocracia, en este punto, es que lleva demasiados años riendo las gracias del capitalismo imperante, quizás ante el riesgo de quedar definitivamente arrumbada tras la caída del muro en Berlín. ¿Hay que recordar aquí las palabras de un ministro socialista de economía de la época González alabando la facilidad con que uno “se podía hacer rico” en este venturoso país? Como si fuera un Zaplana cualquiera, sí. No es de extrañar, entonces, que la socialdemocracia ande hoy de capa caída en todo el continente. Y eso sirve también para explicar la extraña fascinación electoral suscitada por pequeños y píos berlusconis de guardarropía, como Francisco Camps. El PSOE copió tan bien en Valencia los modelos de la derecha en tiempos de Joan Lerma que el electorado, listo como un lince, prefirió directamente el modelo original.
¿Salir de ésta? A los Berlusconis hay que oponerles dignidad, coraje y convicciones. Y no hay que reír con sus chistes.