Opinión
Bienvenidos al infierno
Por Juan Carlos Escudier
-Actualizado a
Fiel a su costumbre de llegar tarde a todos los sitios, el Banco de España ha corroborado las estimaciones del FMI, y ha augurado que en 2012 la economía se contraerá un 1,5% y que la recesión se prolongará hasta 2013, cuando se volverá a crecer de forma raquítica un 0,2%. Las huestes del gobernador no pierden un segundo en analizar si es posible otra política económica que evite nuestros descenso a los infiernos, sino que vuelven a reclamar una profunda reforma del mercado laboral, sin la que, según predicen, la tasa de paro superaría el 25%.
No hay que ser un genio para advertir que si creciendo un 0,7% en 2011, el desempleo -a falta de que la EPA del último trimestre lo certifique- ha podido engordar en 500.000 personas hasta alcanzar los 5,2 millones de parados, una contracción de la economía del 1,5% puede ser dramática. Tampoco hay que ser Einstein para comprobar que la reforma laboral no es ninguna panacea, ya que con una legislación idéntica la tasa de paro no llega al 12% en Navarra y se aproxima al 31% en Andalucía. Igual ocurre con la de actividad, que ronda el 68% en Baleares y no llega al 52% en Asturias.
Parece evidente que la principal causa del desaforado aumento del desempleo no es la rigidez del mercado de trabajo sino una política económica cuyo objetivo principal no es el crecimiento sino la reducción del déficit. Estrangulada la inversión pública, el Estado no crea empleo sino todo lo contrario, embarcado como está en su dieta de adelgazamiento. Sin los incentivos públicos, con los canales de financiación cortados y con la demanda exterior en retroceso, no cabe esperar nada del sector privado, salvo que acelere la destrucción de puestos de trabajo.
Y como a más recortes, menos ingresos fiscales, es más que previsible que la recesión dispare de nuevo los costes de financiación de la deuda pública, a cuya ubre irán a mamar los bancos en vez de centrarse en dar créditos y relanzar el crecimiento. Con esta situación, el único consejo de los expertos del Banco de España es acometer cuanto antes otra reforma laboral. Sería para reír si no fuera para llorar.