Opinión
Un brindis por Ángel González, poeta
Por Manolo Saco
-Actualizado a
Ha muerto uno de mis poetas favoritos. De los pocos con sentido del humor. Una sorna soterrada en todo su poemario hacía más llevadera esa lucidez triste de los poetas. Yo no tengo palabras para definir los buenos momentos que me procuró su poesía. Mejor os dejo su autodefinición, que encierra buena parte de su idea sobre la naturaleza del ser humano. Era un bon vivant al que no le gustaría vernos tristes. Por eso brindo por su muerte y por la eternidad de la obra poética que deja aquí entre nosotros.
PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ
Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes ?
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
?lo que queda, podrido, entre los restos; ?
esto que veis aquí,
?tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...