Opinión
La caja de Pandora
Por Eugenio García Gascón
Las informaciones procedentes de Siria y Líbano señalan que en las últimas horas han muerto al menos cuatro niños sirios como consecuencia de la ola de frío que asola Oriente Próximo y que durará hasta el domingo. Dos eran refugiados que han fallecido en Líbano y otros dos dentro de Siria, en Alepo y cerca de Homs.
Como el invierno no ha hecho más que empezar, es muy probable que en el transcurso de los próximos meses las tragedias se sucedan. Los últimos datos indican que la guerra civil ya ha causado unos doce millones de refugiados y desplazados, que es casi la mitad de la población del país.
¿Se puede hacer algo para evitar esta situación? Cuando comenzó la revuelta civil en Deraa en marzo de 2011 empezaron a morir sirios, civiles, que en un principio reclamaban la caída del régimen y "democracia".
Las revueltas se extendieron rápidamente y conforme transcurrían los meses empezaron a llegar armas que fueron a parar a manos del "moderado" Ejército Sirio Libre y de grupos yihadistas, cada vez más fuertes y numerosos, hasta el punto de que hoy controlan amplias zonas del país, principalmente en el norte.
La indecisión inicial del régimen y el empuje cada vez mayor de los rebeldes han conducido a una situación en la que parece que no puede haber un vencedor claro, al menos a corto y medio plazo.
¿Debería intervenir más directamente Occidente para derrocar al régimen? Es una opción, por supuesto, pero los estadounidenses están un poco saturados por las últimas guerras en el extranjero, unas guerras que no han traído nada bueno.
Cuenta la mitología griega que la curiosa Pandora abrió una caja que contenía todos los males del mundo, a pesar de que el mismo Zeus le había advertido de que no lo hiciera.
La caja de Pandora siria está abierta desde hace mucho tiempo, y ninguna de las soluciones que podrían plantearse va a resolver este conflicto que ha causado un gran daño a la población civil. Y lo más grave es que no se ve ninguna salida.
La Conferencia de Ginebra-2 que se ha convocado para el 22 de enero probablemente tampoco solucionará el problema, así que lo único que se puede hacer ahora mismo es asistir como se pueda a los doce millones de refugiados y desplazados, de cara al invierno que comienza.