Opinión
De cajas de ahorros a bancos de cajas
Por Vicente Clavero
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El gobernador del Banco de España dijo a mediados de noviembre que la reestructuración de las cajas de ahorros debía cerrarse antes de estas fiestas. La exhortación de MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ fue secundada enseguida por la vicepresidenta económica, ELENA SALGADO, y por el propio JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO. Pero ha pasado Navidad y quedan todavía muchas puntadas por dar en un proceso que, pese a la opinión oficial, se está desarrollando con bastante rapidez.
Aunque parece que fue hace un siglo, ni siquiera han transcurrido todavía dos años desde la intervención en marzo de 2009 de Caja Castilla La Mancha, auténtico epicentro del tsunami que ha puesto patas arriba el sector. Y la operación más enjundiosa de todas (el SIP liderado por Caja Madrid y Bancaja, que ha arrebatado el liderazgo a La Caixa) empezó a materializarse poco antes del verano. Aún así, de 45 entidades con una media de 25.000 millones de euros en activos se ha pasado a 17 grupos con 75.000 millones, lo que supone un cambio de considerable dimensión y en tiempo récord.
La cura de adelgazamiento se ha materializado en algunos casos en fusiones tradicionales (como la de Caixa Galicia y Caixanova) y las más de las veces mediante lo que se ha dado en llamar fusiones frías (los SIP), que permiten preservar la identidad de sus partícipes. Se han formado cinco SIP, a los que las cajas integradas en ellos acabarán traspasando sus respectivos negocios financieros, paso previo a la conversión de esos instrumentos en auténticos bancos, que es el fin perseguido por Fernández Ordóñez y por el Gobierno.
Se ha dicho que la bancarización será letal para el sector, pero no tiene por qué ser así, al menos necesariamente. Su objetivo es facilitar la captación de recursos y de capital que en la actualidad tiene casi vedados, por la sequía de los mercados y por la desconfianza que la peculiar estructura de las cajas genera entre los inversores internacionales. Ahora bien, si consiguen mantener el control de los nuevos bancos –aunque incorporen otros socios– y son capaces de preservar el arraigo territorial, un servicio de proximidad y la obra social, el peligro se habrá conjurado. Lo que hace falta es que puedan y las dejen.