Opinión
Camisetas con mensaje
Por Bob Pop
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El día que vi por televisión a María José Campanario (señora de Jesulín de Ubrique) y a Belén Esteban (ex novia del torero y madre de su hijandrea, así, todo junto) con la misma camiseta de J'adore Dior en strass sobre el pecho, supe que las camisetas de haute couture estaban condenadas.
Conste que lo había empezado a sospechar unos meses antes, al descubrir a la mismísima Esteban con un PdH en pedrería reventona sobre el pecho. "¡Pobre Pedro del Hierro!", pensé ("¡PPdH!"). Días más tarde, lo desahuciaban de su casa-estudio, cuyo alquiler llevaba meses sin pagar. Su directora de comunicación, Carla Royo Villanova salió a negar la ruina del diseñador en menos de lo que tarda en persignarse un cura loco. Entonces volví a compadecerme de él y a preguntarme para qué sirve gastarse un dineral en contratar a una aristócrata de medio pelo como relaciones públicas de tu marca si la reina del quinquerío televisivo se apuntala las prótesis con tu logo.
El sábado pasado, durante la última manifestación de la AVT, vi en primera fila pancartera a un grupo de devotos alcaraces vestidos con camisetas que rezaban: "Desde la A a la Z, ALCARAZ SOMOS TODOS". Y supe que lo que llevaban meses anunciando los popes del IN/OUT de la moda era cierto: es el fin de las camisetas con mensaje. Habrá que despedirse. De todas, incluso de la favorita de mi armario: "Michael Jackson did not abuse those children... he made love to them".