Opinión
Cañete busca un cilicio de su talla
Por Juan Carlos Escudier
De hacer caso a los que atribuían el ramalazo machista de Cañete a su cansancio, no queda otra que suponer que el candidato del PP estaba agotadísimo ya que le han hecho falta seis días para intentar enmendar esa metedura de pata hasta el corvejón de la que cojeaba. El del PP tiene mucho peligro cuando se cansa y sus correligionarios harían bien en pedirle que evite todo esfuerzo, no vaya a ser que un día salga hacer footing y arme la marimorena en Estrasburgo mientras ese seca el sudor de las axilas.
No se recuerda manera más tonta de arruinar ese porvenir como comisario que Rajoy había diseñado para su amigo en animada charla con Merkel, que es como funciona la democracia en las instituciones europeas: te doy los votos de mis eurodiputados a cambio de que me coloques al pobre Miguel, que estará a lo suyo y a lo nuestro. La propia canciller profetizaba el otro día un gran acuerdo entre socialistas y conservadores acerca de la composición de la Comisión, una reedición paneuropea de su gran coalición que lanza a los votantes informados el mensaje de que, con independencia de lo que se vote, se hará lo que ellos quieran. O sea, lo de siempre.
Ocurre, sin embargo, que en Europa son muy mirados con las formas y hay gente que dimite por plagiar el párrafo de una tesis, peligro que aquí hemos conjurado porque los políticos, por lo general, son poco dados a las tesis y más a falsear el currículo, que siempre ahorra tiempo. De hecho, en el Parlamento Europeo son tan escrupulosos con el qué dirán, tan tiquismiquis, que resultaba improbable que dieran el plácet a un comisario con tanta superioridad intelectual sobre las mujeres por muchos yogures caducados que se metiera entre pecho y espalda.
Recuperado de la fatiga de la campaña, Cañete ha entendido por fin que su futuro pasaba por hacerse perdonar, y no es descartable que aún le veamos realizar otras penitencias siempre que su situación física se lo permita y se encuentren cilicios de su talla. Algo ha influido también que rápidamente surgiera el nombre del que podría asumir su cartera en Bruselas, el secretario de Estado para la UE, Iñigo Méndez de Vigo, para el supuesto de que Estrasburgo tenga reservado el derecho de admisión a trogoloditas y le condene a la caverna.
Obviamente, ni el problema ni el machismo es de Cañete en exclusiva, sino de un partido que ha sido incapaz de ponerle las peras al cuarto, cuando no de apartarle definitivamente de la campaña, por el irreparable daño de imagen que le ha causado el incidente. Sorprende especialmente que ni siquiera las mujeres del PP hayan levantado la voz, aunque poco puede esperarse de quienes votarán disciplinadamente su vuelta a la Edad Media cuando, por fin, la reforma del aborto llegue al hemiciclo del Congreso. La igualdad en el rebaño es una gran conquista social.