Opinión
Ciencia, imagen e imaginación
Por Ciencias
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático
Alguien dijo, a mediados del siglo pasado, que si había algo peor que las malas novelas de ciencia ficción, eran todas las películas del género. La afirmación era exagerada, pero no demasiado, y no dejó de ser casi cierta hasta que Stanley Kubrick demostró que la ciencia ficción podía y debía convertirse en uno de los grandes filones del mejor cine, y no solo por la espectacularidad potencial de sus temas recurrentes, sino también, y sobre todo, por su capacidad de plantear nuevos problemas y arrojar nueva luz sobre los de siempre; una capacidad derivada, en buena medida, de su condición de “fantasía especulativa”, que es como algunos prefieren denominar a la ciencia ficción. En buena medida; pero no solo.
Se considera a Jules Verne y a H. G. Wells los padres de la ciencia ficción (aunque no habría que olvidar a una madre anterior a ambos: Mary Wollstonecraft Shelley, la autora de Frankenstein). En una ocasión en la que a Verne le preguntaron por su homólogo británico, intentó marcar las distancias diciendo escuetamente: “Yo uso la ciencia, él inventa”. Pero no era del todo cierto: ambos usaban la ciencia y ambos inventaban más allá de toda verosimilitud. Y de qué manera. Verne sabía perfectamente que el cañón de trescientos metros de longitud de una de sus novelas más “científicas”, De la Tierra a la Luna, era un puro disparate; pero qué magnífica imagen y qué poderosa metáfora, un cañón gigantesco cuyo proyectil tripulado se clava en el ojo de la Luna, según la fascinante reinterpretación de Méliès. La imaginería de la ciencia ficción no es solo el resultado y la expresión de una temática, sino también de una poética.
¿Y qué tiene que ver todo esto con la divulgación científica, que se supone que es el objeto de esta sección?, se preguntarán algunos. Pues, aunque no lo parezca, tiene mucho que ver, porque si la ciencia es un juego y una aventura, divulgarla –darla a conocer– no es solo referir las reglas del juego y las crónicas de la aventura, sino también transmitir la belleza del más apasionante de los juegos y la emoción de la más audaz de las aventuras, sin dejar de advertir de sus trampas y peligros. Y para ello es, más que lícito, necesario recurrir a la literatura y el arte (como por otra parte han hecho, desde siempre, todas las ramas del pensamiento). Las imágenes evocadas por Verne y las plasmadas por Kubrick son mucho más que un adorno o un espectáculo: son, como la poesía y la pintura del Renacimiento, la expresión de una nueva visión del mundo.