Entrevista a Kate Manne, filósofa:"Algunos hombres calculan que agredir sexualmente a una mujer gorda es más seguro para ellos"
La autora de Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia (Capitán Swing) conversa con Público sobre esta discriminación y su relación con la misoginia.

Madrid-
La filósofa australiana Kate Manne aborda en Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia -publicado en español por Capitán Swing- una forma de discriminación profundamente arraigada y, a menudo, naturalizada. Manne examina cómo distintos discursos construyen la gordura como un signo de fracaso moral, falta de autocontrol o inferioridad intelectual. Una narrativa que no solo estigmatiza a las personas gordas, sino que interseca de una manera perversa con la misoginia, reforzando expectativas sociales que someten los cuerpos de las mujeres al imaginario patriarcal.
A lo largo del libro, la autora cuestiona la promesa de las dietas, la glorificación del autocontrol corporal o la sospecha filosófica histórica hacia el apetito y el placer. Ideas sobre las que abunda en esta entrevista con Público, donde Manne reflexiona además acerca de qué significa pensar la autonomía corporal desde una perspectiva feminista.
Al comienzo de Irreductibles, habla del efecto que la comunicación -médica, mediática y del discurso cotidiano- tiene en la construcción social de la gordura. ¿Cómo opera este marco para producir y reforzar la gordofobia?
Gran parte de nuestro discurso hace que la gordura parezca (a) evitable y (b) moral e intelectualmente irresponsable. Pero eso es increíblemente engañoso. La mayoría de las personas gordas no eligen ser gordas; son más grandes debido a una combinación de genética, su entorno social y quizá otros desafíos individuales como enfermedades, discapacidades y medicación. Esto contribuye mucho a desmontar el mito de que las personas gordas son moralmente laxas o intelectualmente deficientes, porque no se puede culpar justamente a alguien por un estado de su cuerpo sobre el cual tiene muy poco control.
Sugiere que la gordura no solo se percibe como una característica física, sino también como un rasgo que afecta la deseabilidad, la sexualidad e incluso la exposición a la violencia sexual. ¿Cómo se entrelazan estos imaginarios y qué efectos específicos tienen en la vida de las mujeres gordas?
Una gran parte de este problema es la expectativa de que las mujeres sirvan como fuente de capital social y sexual para los hombres en relaciones heterosexuales. Su atractivo y, por tanto, su delgadez es una fuente de estatus para ellos. Debido a esto, las mujeres gordas suelen ser denigradas y relegadas en el mercado (hetero)sexual: un hombre puede querer tener sexo con una mujer gorda pero no estar dispuesto a salir con ella abiertamente, porque si ella es más grande sería una fuente de vergüenza en lugar de estatus para él.
"La misoginia encuentra en la gordofobia una forma de clasificar los cuerpos femeninos, en proporción inversa a nuestra masa corporal"
Debido a estas dinámicas, algunos hombres calculan que agredir sexualmente a una mujer gorda es en realidad más seguro para ellos, porque la gente no creerá su acusación de que él la violó o la tocó sin consentimiento.
La misoginia también encuentra en la gordofobia una forma conveniente y lineal de clasificar todos los cuerpos femeninos, aproximadamente en proporción inversa a nuestra masa corporal. Eso mantiene a las mujeres pequeñas, dóciles, hambrientas, autocontrolándose y compitiendo entre sí en lugar de trabajar juntas para cambiar el mundo.
Hay un momento en el libro en el que habla de la tradición filosófica, y parece que subyace en su lectura una especie de "gordofobia ontológica". ¿Qué corrientes o autores cree que han contribuido a consolidar esta jerarquía negativa sobre los cuerpos gordos?
Existe una verdadera sospecha hacia el apetito humano -la parte más sensual y visceral de nuestra naturaleza- que se remonta al menos a Platón y Aristóteles, quienes elogiaban la moderación y se preocupaban por la glotonería. La asociación, en gran medida injusta, entre la gordura y la glotonería condujo a la percepción de que la persona gorda carece de autoridad intelectual: se la representa como poco brillante y como alguien que no piensa con profundidad. Todo esto es bastante injusto y, de manera irónica, irracional. Los filósofos vienen en una variedad de formas y tamaños, al igual que los miembros de cualquier otra profesión supuestamente dedicada al pensamiento.
En el libro anima a las lectoras a "abandonar la idea de que tu cuerpo gordo es una prueba de que tu mente carece de algo". ¿Qué estrategias pueden ayudar a desmontar esta internalización del estigma?
Yo he encontrado mucha libertad al reflexionar que algunos de los mejores escritores y pensadores que conozco se identifican como gordos o algo similar (es decir, como "curvy" o "con curvas"), al menos en algún momento. Imagina perder el talento de Roxane Gay, Tressie McMillan Cottom o Carmen Maria Machado debido a estos estúpidos y falsos estereotipos intelectuales sobre las personas que no son delgadas. Sería una gran pérdida y una vergüenza. Muchísimas personas gordas son brillantes, y no podemos permitirnos no beneficiarnos de sus talentos.
Dedica un capítulo al gaslighting asociado con las dietas. ¿Cómo describiría este mecanismo y por qué considera que las narrativas dietéticas pueden ser una forma de manipulación?
El gaslighting, tal como yo lo entiendo, hace que las personas se sientan fundamentalmente defectuosas de algún modo por tener estados mentales a los que en realidad tienen derecho; en este caso, la intención de no hacer más dietas, porque las dietas no son una forma eficaz de perder peso a largo plazo. Y, sin embargo, muchas personas son manipuladas para no abandonar las dietas y la cultura de la dieta, porque sienten que ese pensamiento es casi prohibido, casi inmoral, al igual que el simple deseo de salir de un sistema punitivo y autolesivo.
"Muchas personas son manipuladas para no abandonar la cultura de la dieta porque sienten que ese pensamiento es casi inmoral"
En cuanto a no querer realmente perder peso ya, muchas personas han sido disuadidas de ese deseo con la llegada de los fármacos GLP-1 y la idea de que casi sería una oportunidad desperdiciada decir "no" cuando su médico les ofrece una delgadez inyectable.
En su capítulo sobre la autoridad del hambre, cuestiona quién tiene la legitimidad para interpretar nuestras necesidades corporales. ¿Qué significa recuperar la autoridad del hambre en una cultura obsesionada con el autocontrol?
Siempre soy la última persona en dar credibilidad a mis propios estados corporales. Me convencería mucho más un análisis de sangre que mostrara que estoy desnutrida que la sensación de hambre crónica que llegó a parecer casi virtuosa, como si estuviera gorda pero al menos estuviera haciendo el esfuerzo al comer menos de lo necesario. Creo que aprender a confiar de nuevo en nosotras mismas y a interpretar las señales de nuestro cuerpo como algo diseñado para protegernos del daño forma parte del proceso de volver a habitar verdaderamente nuestro cuerpo. Es decir, ¡imagina sentirte bien por resistir el impulso de dormir durante días y noches seguidos! Y, sin embargo, muchas personas resisten sus señales de hambre casi con la misma intensidad.
Propone el concepto de "reflexividad corporal" frente a la positividad o neutralidad corporal. ¿En qué consiste exactamente esta reflexividad y qué aporta al debate feminista contemporáneo?
La idea de la reflexividad corporal es que mi cuerpo es para mí, tu cuerpo es para ti, y así sucesivamente. Esto se opone a tener que sentirnos constantemente positivas o incluso neutrales respecto a nuestros cuerpos, algo que a algunas personas les resulta muy difícil. Una vez que el cuerpo deja de representarse como un objeto de comparación, consumo o colonización, ya no es necesario un criterio implícitamente cuantitativo. Si no hay posibilidad de negatividad o evaluación -si descartamos por completo las escalas de juicio- entonces esto resulta mucho más liberador.
Y podemos hacerlo: solo los cuerpos de niñas y mujeres son juzgados y escrutados de manera constante por y para otros. Imagina la positividad corporal aplicada a los hombres o a los niños pequeños; el hecho de que suene absurdo muestra que es un correctivo a una tendencia que podemos resistir desde el principio. Lo veo como algo menos individualista y más como una adopción de una política de autonomía corporal totalmente compatible con reconocer nuestra interdependencia social y ética.


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