Opinión
Ciencia, izquierda y derecha
Por Ciencias
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
*Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear. Universidad de Sevilla
La ciencia no es de derechas ni de izquierdas, aunque los científicos y la investigación sí que se pueden calificar como tales. Empecemos por… Dios. A mis alumnos les digo en broma, tono en que se mantendrá todo este artículo, que si Dios existe, es de izquierdas. Tras su genial “¡Hágase la luz!”, ésta fue cuajando en partículas y antipartículas, las cuales se aniquilaban mutua e instantáneamente, dando radiación de nuevo. Debido a una leve imperfección, una minúscula parte de partículas sobrevivió y por eso apenas existe antimateria y la materia fue conformando los átomos, las estrellas, las galaxias, etcétera. Gracias a aquella delicada y sutil asimetría, que por convención se asemeja a la de un objeto a la derecha de un espejo y su imagen a la izquierda, es por lo que estamos aquí. La materia que progresó sería la imagen y la antimateria que se desintegró estaría a su derecha. Así pues, Dios y el Universo son ligeramente de izquierdas.
La eugenesia, o el intento de mejorar la raza humana aplicando la genética, es de ultraderecha; la epidemiología tropical es de izquierdas. Los alquimistas, que buscaban transmutar metales innobles en oro y el elixir de la larga vida para enriquecerse y vivir eternamente, ellos o quiénes les pagaran bien, eran de derechas; Lavoisier, que acabó con ellos creando la química, era de izquierdas, y eso que lo guillotinaron unos revolucionarios. A veces la cosa se complica. Los coautores de la teoría de la evolución fueron un aristócrata, Darwin, y un maestro de escuela, Wallace. El primero se metió con Dios a cuenta del antepasado homínido del hombre; el segundo estaba a favor del sufragio femenino, pero era muy religioso. ¿Quién era el de izquierdas y el de derechas? Einstein era un pacifista de izquierdas que abogó por la construcción de la bomba atómica. Heisemberg fue un derechista que parece que impidió que la tuviera Hitler. Oppenheimer, el que de verdad la construyó, pensaba que jamás se iba a lanzar contra nadie, soñando acabar no sólo con el nazismo, sino con todas las guerras del futuro. Terminó perseguido por McCarthy por comunista, entre otras cosas, porque había defendido pública y ardorosamente a la República Española. Uno de sus acusadores, Edward Teller, padre de la bomba de hidrógeno, quiso tirarlas en Corea, después en Vietnam y, para rematar, usarla en las obras públicas a modo de dinamita, pero a lo bestia. Era un majareta claramente de ultraderecha. Y así, todos los protagonistas de la ciencia se pueden clasificar, más o menos burdamente.
La ministra Garmendia lo va a hacer bien, mal o regular, ya veremos, pero sus primeras declaraciones sobre la ciencia la meten de cabeza en el saco de la derecha amable. Ojalá exista Dios y la lleve a su redil de izquierdas. Aunque sea ligeramente.