Opinión
Ciencia sin vuelos
Por Ciencias
Ventana de otros ojos //Miguel Delibes de Castro
Acabo de volver de una larga excursión ártica que ha enriquecido mi manera de ver y entender la naturaleza. Pronto viajaré de nuevo para trabajar en el campo y el laboratorio con colegas mexicanos. Por medio, me he movido y me moveré en España para dar una conferencia, formar parte de un tribunal de tesis, participar en un debate público y organizar un congreso. La ciencia, cada vez más, es una actividad global y pública, y la vida del científico exige viajar, a menudo en avión. Precisamente por ello, cabe anotar una paradoja: los investigadores que más reclaman (o reclamamos) luchar contra el cambio climático, emiten probablemente más gases de efecto invernadero que muchos ciudadanos de su entorno.
Un grupo de trece científicos conservacionistas de Estados Unidos, razonablemente representativos del conjunto del colectivo (incluyen desde becarios a jefes de departamento, y de académicos a miembros de ONGs), se ha aplicado a sí mismo uno de los estimadores de emisión de carbono que existen en la red (concretamente: www.climatecrisis.net/takeaction/carboncalculator) y ha llegado a un resultado pasmoso: en promedio, sus emisiones individuales son el doble de las de sus compatriotas, y más de diez veces las de un ciudadano medio del mundo. Y no ocurre así porque digan una cosa y hagan otra: el estilo de vida de la mayoría de ellos es acorde a sus ideas (usan poco el coche, que es eléctrico o híbrido, aíslan su casa, controlan lo que comen, etc), hasta el punto de que sus emisiones en ese aspecto son un 16% menores que la media del país. Sin embargo, nada menos que dos tercios del total del carbono que liberan se deben a los viajes en avión, casi todos profesionales (para asistir a conferencias y encuentros con colegas, realizar investigación, gestionar proyectos, obtener fondos, etc).
Aunque previsible, he recibido la noticia como un golpe bajo que me ha dejado medio noqueado. ¿Qué hacer? ¿Sabremos construir y comunicar la ciencia desde casa? ¿Perderemos competitividad sin viajar? Los científicos que se han autoanalizado proponen incrementar las videoconferencias, organizarse mejor, con marcos claros para la toma de decisiones que hagan innecesario el debate interpersonal, reducir el número de congresos, trabajar como grupos virtuales… Sólo con que los miembros de la Ecological Society of America, nos dicen, redujeran sus vuelos un 30%, sería el equivalente a retirar de la circulación 7300 coches por año. ¡Menuda responsabilidad!