Opinión
Científicos sin gracia divina
Por Ciencias
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CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL
Ahora que llega la Semana Santa, la fiesta central de la cristiandad (aunque muchos crean erróneamente que es la Navidad), podemos plantearnos si un científico puede creer en Dios. Obviamente, sí. Buenos ejemplos son el responsable del Instituto Genoma Humano, Francis Collins, o el físico y sacerdote anglicano John Polkinghorne. Para ellos la evolución –el principal caballo de batalla del cristianismo, por sus obvias implicaciones– no es sino el modo escogido por Dios para llevar a cabo su creación: “En vez de crear un mundo ya hecho, el Creador hizo algo más inteligente: un mundo que pudiera hacerse a sí mismo”. ¿Pero hay muchos científicos que piensen así?
En 1996 se publicaba en Nature un estudio entre los científicos estadounidenses: casi un 61% expresaba su ateísmo o, al menos, su agnosticismo sobre la existencia de un ser superior. Dos años más tarde se repetía el sondeo entre los científicos más prominentes, aquellos que han sido admitidos en la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias: sólo un 7% cree en Dios, ante un 72% que dice ser ateo. Por contra, el 3% del pueblo de EEUU afirma no creer en algún tipo de dios personal. En la Royal Society británica, la segunda sociedad científica más prestigiosa del mundo (fundada en el siglo XVII por científicos cristianos), el 79% se declara ateo. El psicólogo de la Universidad de Haifa (Israel) Benjamin Beit-Hallahmi subraya que entre los premios Nobel de ciencias la religiosidad es prácticamente inexistente, en clara oposición a sus conciudadanos. Si miramos las profesiones científicas, los más creyentes son los médicos, seguidos de los matemáticos, mientras que los más ateos son los físicos y, después, los biólogos.
Lo que define esta innegable brecha es la manera de entender el mundo. La ciencia trabaja sin dogmas, revisando cada idea hasta que es sustituida por otra mejor, donde lo que importa es la evidencia empírica y toda explicación sobre el mundo está basada en fuerzas naturales. En la religión, por contra, el componente fundamental es lo sobrenatural y la verdad revelada mediante textos sagrados.
Esta inconsistencia quizá explique que, aunque existen científicos que sepan conducir sus vidas entre la ciencia y la fe, se encuentran en franca minoría. Es más habitual la actitud del premio Nobel de Química Herbert A. Hauptman, quien ante la pregunta de un estudiante del City College de Nueva York: “¿Se puede ser un buen científico y creer en Dios?”, respondió con un sonoro: “¡No!”.