Opinión
Clonando humanos
Por Ciencias
CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL
En 2002 una secta de inspiración extraterrestre se sacó de la manga que habían clonado al primer ser humano de la historia, que resultó ser una niña de nombre Eva (no podía ser de otro modo). Los raelianos son un grupo fundado por un periodista francés que dicen que somos producto de la manipulación genética de los extraterrestres (una idea copiada a escritores pseudocientíficos como Eric von Däniken) y cuyo sistema de creencias es simplemente una excusa para justificar el amor libre (algo que tampoco es suyo, pues entre el movimiento espiritista de finales del XIX sucedía algo parecido). Este grupo intelectualmente poco desarrollado, pues debe recurrir al refrito de ideas de otros, fundó en 1997 una compañía llamada Clonaid cuyo primer ejecutivo es una doctora en químicas llamada Brigitte Boisselier: entre sus hazañas cuenta posar para Playboy junto con otras miembros de la empresa (supongo que se trata de una forma heterodoxa de buscar financiación).
Desde entonces la compañía (registrada en las Bahamas) afirma haber clonado en su filial de Corea del Sur, BioFusion Tech, del orden de 13 seres humanos. Eso sí, nadie los ha visto.
Lo fascinante es cómo los medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de la noticia, y no precisamente en la sección de chistes. La idea de que esos idiotas (y no me arrepiento de la palabra) sean capaces de realizar ciencia de altísimo nivel saliendo de la nada y hayan resuelto como quien lava los retos a los que se enfrentan los mejores grupos de científicos del mundo en clonación animal es ridículo. Solo una ignorancia supina en biotecnología puede justificar semejante dislate.
Claro que aprovechándose de eso algunos caraduras hacen su agosto. Como el ginecólogo Severino Antinori y el biólogo Panos Zavos, que en enero de 2004 anunciaron al mundo la creación y transferencia de un embrión humano clonado. Para hacernos una idea de la catadura moral de estos señores baste con señalar que Antinori fue el médico que en 1994 implantó un óvulo fertilizado a una mujer de 63 años, hazaña que repitió en 2006 con otra de 62. No sólo arriesgó la vida de la madre y el feto, sino que tuvo la irresponsabilidad de poner en el mundo a un niño que lo más probable es que pierda a su madre antes de los 18 años.
Estos desaprensivos afirmaron que habían clonado a 3 bebés. Otra vez, las pruebas brillaron por su ausencia, pero los medios de comunicación volvieron a hacerse eco de esta pantomima. Al parecer, la ciencia no merece la exquisitez de trato que exige la política o la economía. Nadie se imagina que aparezca en grandes titulares un tipo vestido de lagarterana diciendo que tiene la solución para la crisis.