Opinión
La conexión israelí
Por Eugenio García Gascón
Para que una democracia funcione debe haber elecciones pero, a continuación, también debe haber un comportamiento democrático por parte del ganador. Cuando una de esas dos premisas no se dan la democracia existe únicamente sobre el papel y no en la calle.
En el caso de que haya un régimen acusadamente nacionalista o acusadamente religioso, un régimen que pretende imponer su credo a toda la población, es difícil hablar democracia, si no imposible, aunque sea como resultado de unas elecciones libres, y esto último es lo que ha ocurrido en Egipto desde las recientes victorias en las urnas (cinco consecutivas) de los Hermanos Musulmanes.
Se ha de señalar, sin embargo, que el gobierno del presidente Mursi, en contra de lo que ahora se dice, no fue particularmente religioso, y a pesar de ello sufrió desde el primer momento continuas embestidas por parte de liberales y mubarakistas con el apoyo de las grandes democracias occidentales.
The New York Times, en un artículo titulado "Israel está socavando los esfuerzos occidentales en Egipto", dice que el país que más ha apoyado el golpe ha sido Israel. Según el periódico, y esto es algo que no debe sorprender, el círculo del general golpista Sisí ha mantenido en todo momento una "intensa comunicación" con sus colegas israelíes.
Las buenas relaciones de Sisi con Israel se remontan al periodo en el que el general fue responsable de la inteligencia militar egipcia, y desde entonces no han cesado.
No se debe olvidar que la primera decisión de Sisi tras el golpe del 3 de julio fue destruir cientos de túneles que Hamas utilizaba para meter en Gaza bienes de todo tipo, incluidas armas, una decisión que en su momento ni siquiera se atrevió a adoptar Mubarak, pese a mantener también unas excelentes relaciones con Israel.
Israel le ha dicho a Sisi que no debe temer por la ayuda americana, que asciende a 1.300 millones de dólares anuales, y el primer ministro Netanyahu ha obrado en consecuencia.
El diario recuerda que el pasado 31 de julio el senador republicano Rand Paul llevó al Senado una votación para cortar la ayuda militar al nuevo régimen, pero inmediatamente el AIPAC, que es el más poderoso de los lobbies judíos en Estados Unidos, se puso en contacto con todos los senadores para que votaran en contra. La iniciativa del senador Paul fue rechazada por 86 senadores en contra y solo 13 a favor.