Opinión
Consejos cerrados a cal y canto
Por Vicente Clavero
-Actualizado a
Bankinter está en su perfecto derecho de decidir quién se sienta en su consejo de administración y quién no, siempre y cuando se atenga a lo dispuesto en las leyes ordinarias y en los estatutos de la entidad. En pleno ejercicio de ese derecho, la semana pasada vetó la entrada de Crédit Agricole, que controla desde marzo el 20,1% del capital y tiene la venia del Banco de España para llegar al 29,9% si lo considera oportuno. Y ninguna voz se ha alzado, ni siquiera la de los perjudicados directos, porque el establecimiento de severas condiciones para el acceso, incluso de los propietarios, a los máximos órganos de gobierno de las corporaciones se ha convertido en moneda corriente.
FLORENTINO PÉREZ, por ejemplo, podría hablar largo y tendido de sus dificultades, de momento insalvables, para conseguir los puestos que le corresponden a ACS en el consejo de administración de Iberdrola. Haciendo mangas y capirotes de su condición de primer accionista individual de la eléctrica, con más del 12%,
IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN y su núcleo duro tienen a la constructora a pan y agua desde hace meses, so pretexto de que es el socio de referencia de uno de sus grandes competidores: Unión Fenosa. Se da la paradoja, sin embargo, de que el vicepresidente de Iberdrola, JOSÉ LUIS URRUTIA, tiene negocios con los ALBERTOS, dueños de ACS junto con la familia MARCH y el propio Florentino Pérez, cosa que no parece molestar a nadie.
Crédit Agricole, aunque se coló de rondón en Bankinter, sin avisar a nadie, ha dado reiteradas muestras de buena voluntad a su cúpula directiva. La más reciente de ellas fue votar a favor de todos los acuerdos propuestos a la junta general celebrada el jueves. Pero el banco, con PEDRO GUERRERO al frente, ha hecho caso omiso de los cantos de sirena de los franceses y les ha dado con la puerta en las narices a pesar de sus carantoñas. Ni siquiera ha esperado a que Crédit Agricole pida entrar en el consejo de administración: Bankinter le ha dicho que no con carácter preventivo. Por si acaso.
Ya hace un mes, el Banco de España torció el gesto cuando se planteó por primera vez la posibilidad de que Crédit Agricole asumiera responsabilidades en la gestión de Bankinter. Se dijo entonces que la rivalidad entre ambos lo desaconsejaba. No obstante, esa rivalidad es muy relativa. Crédit Agricole actúa en el mercado minorista español a través de Bankoa y del Banco Espirito Santo, que no suman más de un centenar de oficinas. En gestión de activos, su marca Crédit Agricole Asset Management apenas administra mil millones de euros. Y participa modestamente en seguros (BES Vida), banca privada corporativa (Calyon) y financiación al consumo (Eurofactor y Tarcredit).
A eso se limita la competencia que Crédit Agricole hace a Bankinter en España: una minucia si se compara con la que puede proceder del Santander o de Banesto, al frente de los cuales se hallan EMILIO BOTÍN y su hija ANA PATRICIA. Sin embargo, que ambos estén emparentados con el hombre que históricamente maneja los hilos de Bankinter, JAIME BOTÍN, no despierta, a lo que se ve, ninguna suspicacia.