Opinión
La conspiración de las sacristías
Por Manolo Saco
La del sábado fue “una manifestación muy bonita, muy cívica” (...) “serena, pacífica y hermosa”, según Mariano Rajoy, quien tras ocho cursos acelerados de pancartismo callejero es ya uno de los más experimentados catadores de manifestaciones de nuestro suelo patrio. Y así como a la hora de catar un vino no vale con decir la simpleza de que “está muy bueno”, o “me gusta”, o “tiene una etiqueta muy bonita”, el experto en manifestaciones tampoco debe conformarse con la descripción de sensaciones primarias. Así que intentaré por mi parte echarle una mano y completar la ficha de cata de la última concentración de Mariano Rajoy.
Saboreemos la reunión patriótica. Exprimamos sus aromas y sabores, porque dentro de la botella había todo un mundo de emociones. Por fuera, la etiqueta decía “banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda”. Pero en su interior, por lo que oí en la radio, los muy cívicos, serenos y pacíficos manifestantes gritaban «Zapatero, dimisión», «Zapatero, embustero», «Si tienes cojones, convoca elecciones», «Reclamamos la libertad que nos han robado», «Zapatero, paredón», «¿Dónde están?, no se ven los cabrones de la Ser». Al final, en el orgasmo del civismo, un abanderado enviaba este recado a Zapatero, casi comiéndose el micrófono, que debe de ser para ese demócrata de toda la vida algo así como la representación de las pelotas del presidente: «...le pego una hostia que le mato».
Así que, cuidado con lo que decís, porque, además de mentiroso, el que diga que no fue una manifestación bonita se puede llevar una hostia.
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Primera meditación para hoy: Antonio Romero, diputado andaluz de IU por Málaga y secretario provincial del Partido Comunista de España (PCE), se nos ha adelantado. Presentó ayer en la Fiscalía malagueña una denuncia contra José María Aznar por “crímenes de guerra”, como responsable, con Bush y Blair, del fiasco de Irak, guerra ilegal e ilegítima según los criterios de la ONU. Tengo muy pocas esperanzas de que, una vez en poder del Fiscal General del Estado, la denuncia tome rumbo a su puerto natural, el Tribunal Penal Internacional de la Haya, quien hace ya tiempo que debería haber sentado doctrina sobre este conflicto y haber entrado en el fondo del asunto, que no es otro que el dilucidar si se vulneró o no el derecho internacional con la invasión de Irak. Pero suena bien. ¿A que sí? Al menos, el hombrecillo insufrible tiene una nueva ocasión para salir en la prensa internacional, pero esta vez como presunto reo de uno de los delitos más execrables: el de criminal de guerra.
Segunda meditación: El obispo de Huesca y Jaca, Jesús Sanz, distribuyó el domingo una carta pastoral entre su rebaño que creo que debería provocar una protesta formal del gobierno español ante el Vaticano. Se pregunta el ordinario de la diócesis, en referencia al gobierno constitucional de este país, si “no pondrán más obstáculos para saber la verdad de la maraña confusa y confundida de otra matanza, el 11-M, cuya sospecha les mira”.
Uno de sus jefes en el escalafón, el arzobispo de Toledo, monseñor Cañizares, remachaba el clavo del ordinario de Huesca refiriéndose a los atentados de Madrid como unos sucesos oscuros que “no se han esclarecido en su verdad más honda”. Ya sabemos que la hipocresía, a fuerza de utilizarla con prodigalidad al cabo de tantos siglos, la Iglesia la ha elevado casi a virtud teologal, pero lo de estos dos clérigos roza el pecado mortal. ¿Qué datos tienen ellos para poner en duda el proceso que se está llevando en la Casa de Campo de Madrid, con qué información cuentan para sostener la teoría de la conspiración? ¿Es un secreto de confesión o es simple ceremonia de confusión?
Claro que, siempre lo he dicho, alguien que es capaz de creer a pies juntillas que, por ejemplo, los niños nacen con un pecado original que no se les pasa hasta que ellos les rocían agua bendita por sus cabecitas, alguien capaz de propagar semejante desatino ¿de qué no será capaz con tal de mantener sus privilegios y su industria? Si es necesario predicar el odio, en lugar del evangelio, dios sabrá perdonar, siempre que sea por una buena causa, porque para eso dios es de derechas.