Opinión
El crimen pasional de nuestro voto
Por Manolo Saco
Mañana es el “día de reflexión”. Es un nombre pinturero que me recuerda las concentraciones de los equipos de fútbol el día anterior a un encuentro crucial. Sé que nos jugamos mucho más, pero a mí siempre me ha parecido que si hay alguien que, después de todo lo que ha caído, con la niña de Rajoy a punto de nacer, todavía no tiene formada su opinión, debería estar inhabilitado a perpetuidad para emitir su voto.
Para día de reflexión, el siguiente a las votaciones. Ese sí es día para reflexionar. Porque votar es como un crimen pasional: la excitación te nubla el raciocinio, te impide mantener la cabeza fría y guía tu mano, provista del cuchillo del voto, a cometer una insensatez, como si alguien ajeno a ti te hubiese suplantado. ¿Pero qué he hecho, dios mío? Juro, señor juez, que yo no quería. Tan solo pretendía asustarle, darle una lección, por lo de Irak, por lo del terrorismo...
En todos los años que llevamos de democracia nunca he visto a nadie en actitud de reflexionar su opción de voto a lo largo de ese día señalado. Se sabría, porque mira que se nos pone una cara inconfundible, como de estreñimiento, cuando nos ponemos a la incómoda tarea de meditar.
Es como la Semana Santa, que los curas desearían que fueran como las de antaño, cuando gobernaban con el franquito, días de piedad obligada en que te podían detener (y así ocurría) por ir alegremente cantando o silbando por la calle. Había que estar con el alma encogida por decreto, se sacaban al balcón las banderas con crespón negro, las emisoras sólo emitían música clásica (toda una generación acabó odiando la música clásica porque pasó a ser la sintonía de la tristeza vital de la clerigalla) y hasta se tapaban los santos en las iglesias con telones morados para convertirlas en antros más tenebrosos si cabe.
Con los años, aquellos día de reflexión sobre el martirio de uno de los tres dioses -el hijo- pasaron a manos de las multinacionales del ocio, y ya nadie se acuerda hoy que debería estar triste.
Por eso os pido que seáis reflexivos. No votéis a la tristeza, a los cenizos, a los profesionales de la mentira y de la amargura. Recordad que esta derecha, heredera de la de entonces, no merece el crimen pasional de vuestro voto.