Opinión
Crisis
Por Ciencias
ORÍGENES// JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos.
Desde hace meses los medios de comunicación se hacen eco de la grave crisis financiera que padecemos a nivel global. Como nací en 1952 puedo afirmar que, con respecto a la riqueza que actualmente tenemos en España, he debido vivir buena parte de mi vida en crisis permanente. Confieso sentirme perplejo y no me resisto a escribir algunas líneas sobre esta cuestión desde mi particular punto de vista.
Hace un millón de años (por poner una fecha redonda) nuestros ancestros de África, Asia y Europa se contaban por millares en vastas regiones y vivían en equilibrio con su entorno. Seguramente los grupos humanos padecían crisis como consecuencia de malas estaciones, competencia con otros animales, etc. Pero a la postre siguieron adelante y nosotros somos la prueba fehaciente de que superaron todos sus problemas. Ahora nos contamos por miles de millones, de los que una cuarta parte vivimos por encima o muy encima de las posibilidades que ofrece el planeta, mientras que las tres cuartas partes restantes viven por debajo o muy por debajo de sus posibilidades de supervivencia. Este brutal desequilibrio nos está pasando factura y podría llegar a ser letal.
Nuestra cultura y tecnología han desequilibrado la mayoría de los ecosistemas en favor de una única especie, que se lo come todo como una plaga infernal. Decimos ser una especie muy inteligente. A nivel global y con respecto a otras especies de primates, la afirmación es correcta. Pero a nivel individual existen variaciones dentro de un rango muy amplio. El éxito (continuidad) o fracaso (extinción) de la especie depende de todos, aunque algunos/as tienen mucha más responsabilidad que otros.
Las normas y la organización para manejar sociedades complejas son necesarias. El exceso de control se convierte siempre en abusivo, se corrompe y resulta pernicioso, porque priva de libertad y aborta la creatividad. Por el contrario, el exceso de permisividad permite la aparición de perversiones como la codicia, corrupción, falta de escrúpulos... Los modelos que se han ensayado en el siglo XX han fracasado y nos encontramos ante la necesidad de un cambio, que sólo llegará tras la necesaria catarsis.
En mi opinión, la crisis no es económica sino de identidad como especie. Inteligente, sí, pero con enormes limitaciones. Deberíamos mirarnos al espejo, reconocer nuestra naturaleza y tomar conciencia de los graves errores que estamos cometiendo. Me temo que seguiremos practicando aquello de “el que venga detrás que arree” y me pregunto (como hacen muchos) qué mundo dejaremos a nuestros hijos y nietos.