Opinión
Lo que va de Cuevas a Díaz Ferrán
Por Vicente Clavero
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Aunque estuvo veintitrés años al frente de la CEOE, JOSÉ MARÍA CUEVAS nunca fue un empresario. Dirigió Sarrió durante una temporada, pero la mayor parte de su vida la consagró a estructurar un colectivo del que nunca formó parte. Eso lo hizo acreedor de alguna que otra descalificación (muy ocasional, a decir verdad) y, al mismo tiempo, le proporcionó la suficiente independencia de criterio como para tratar a todos sus representados por igual. Tenía alma de funcionario, así que lo que más le importaba era la organización y dedicó mucho tiempo a mantenerla unida, aunque no siempre con el mismo acierto.
El hombre que lo sustituyó hace menos de un año sí es un empresario; un empresario importante, además. GERARDO DÍAZ FERRÁN comparte con GONZALO PASCUAL la propiedad de Marsans, que ambos han convertido en uno de los principales grupos turísticos de España. En el currículo del actual presidente de CEOE ocupa un lugar destacado también la fundación de Spanair, hoy en manos de la corporación escandinava SAS, y la gestión (bastante controvertida) de Aerolíneas Argentinas, que junto con su socio le compró a la SEPI en octubre de 2001. Nada tiene de particular, por tanto, que el punto de vista de Díaz Ferrán sobre el papel de una patronal sea distinto al que sostuvo Cuevas a lo largo de casi un cuarto de siglo.
Quienes lo eligieron para el puesto que hoy ocupa debieron suponer que las cosas serían diferentes con él. Pero o fueron engañados o cerraron los ojos o, simplemente, estaban de acuerdo con el cambio. El caso es que la CEOE se ha convertido últimamente en una auténtica jaula de grillos, que ventila sus diferencias sin ningún recato, como ocurrió primero a propósito del fallido intento de defenestración del secretario general, JUAN JIMÉNEZ AGUILAR, y como ha vuelto a ocurrir ahora por culpa del poco aprecio que Díaz Ferrán le tiene a la pequeña y mediana empresa, según denunció el presidente de Cepyme, JESÚS BÁRCENAS, en el Comité Ejecutivo de la CEOE celebrado la semana pasada.
Éste se lamentó airadamente de la falta de sensibilidad de Díaz Ferrán respecto de un sector que representa el 95% del tejido productivo español y de preocuparse sólo de salvaguardar los intereses de las grandes corporaciones. Cosa que Cuevas siempre se cuidó mucho de que nadie le pudiera reprochar.
Bárcenas le restregó por la cara a Díaz Ferrán su pecado original: que no accedió democráticamente al cargo. Es cierto, en sentido estricto, que no lo eligió el máximo órgano de gobierno de la CEOE, la Junta Directiva, que en su momento se limitó a ratificar una propuesta de los vicepresidentes. Pero Bárcenas, que es uno de ellos, no puso entonces ningún reparo a un procedimiento que deja mucho que desear, razón por la cual su queja tiene el inconfundible aire de una pataleta.
Distinto es el caso del presidente de los empresarios andaluces, que también ha aireado su descontento con la elección de Díaz Ferrán. SANTIAGO HERRERO se postuló para suceder a Cuevas cuando éste anunció en febrero de 2007 que se retiraba por motivos de salud. Su candidatura no prosperó, pero por lo menos le cabe el honor de haberlo intentado, pese a que sus posibilidades eran bastante remotas. Bárcenas, cuyo descontento se ha conocido ahora, no puede decir lo mismo.
La conveniencia de que Díaz Ferrán pase por las urnas se abre paso con creciente fuerza en la CEOE, aunque de momento pueden contarse con los dedos de una mano quienes se atreven a expresarla en voz alta. El fondo del asunto, sin embargo, no es tanto un problema formal como de contenidos. Cada vez está más claro que el presidente quiere darle un giro a la patronal y eso, en opinión de algunos, no puede hacerlo por su cuenta y riesgo, como al parecer pretende.