Opinión
Las demandas sindicales respecto a las mujeres
Por Lidia Falcón
Ana Herranz, la Secretaria Confederal de Mujer e Igualdad de CCOO me escribe a raíz de la publicación de mi anterior artículo “El mapa de la explotación femenina”, y quiero agradecerle aquí, sinceramente, sus palabras de solidaridad y elogio. No pongo en duda, ni nunca lo he hecho, que hay mujeres que batallan duramente en el seno de las organizaciones sindicales por defender a las trabajadoras. Y transcribo textualmente lo que afirma: “Las Secretarías de Mujer e Igualdad de CCOO han realizado desde prácticamente la constitución del sindicato un trabajo permanente de denuncia de la doble discriminación que padecen las mujeres”.
Yo comprendo la lealtad que muestra la Secretaria a su organización, pero tanto como afirmar que desde la constitución del sindicato existían las Secretarías de Mujer e Igualdad, es una exageración. Como ya es sabido, CCOO se crea en el año 1964 en la clandestinidad y entonces, y soy testigo de ello, ni los sindicalistas ni los comunistas creían, ni aceptaban, que los temas de las mujeres tuvieran que tener un tratamiento específico y mucho menos reivindicativo, tantas veces en contra de la conducta de sus compañeros varones. Fue preciso que a partir de 1975 surgiera un Movimiento Feminista organizado para que hubiera mujeres en los sindicatos que se enfrentaran al desafío de ocuparse, y no inmediatamente, de las demandas femeninas. La revista Vindicación Feminista fue publicando, mes tras mes, desde 1976 a 1979, la mayoría de las luchas de las trabajadoras en diferentes ciudades de España, y denunciando el abandono en que los sindicatos, todos, las tenían. Habría que consultar la hemeroteca para precisar las fechas en que se crean las Secretarías de la Mujer.
“Ha sido fruto –añade Ana- de la continua denuncia y movilización que hemos realizado como hemos conseguido situar la Igualdad de Oportunidades entre mujeres y hombres en todas y cada una de las políticas de acción sindical de la organización, desde el Diálogo Social y la negociación colectiva, que ha posibilitado la mejora de las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras, a través de acciones positivas en los convenios colectivos y ello pasa también por la salud laboral exigiendo la aplicación de la perspectiva de género en la prevención de riesgos laborales.”
Cierto que las compañeras de CCOO habrán luchado bravamente por conseguir que los empresarios entiendan la discriminación femenina, pero creo que deberían reconocer que el avance en las políticas laborales también se lo deben a las continuas luchas del Movimiento Feminista, sin el que la esforzada labor de las sindicalistas habría sido mucho menos efectiva.
No transcribiré todo el mensaje de Ana Herranz, por mor de la brevedad, pero si quiero comentar, respecto a los logros obtenidos por las sindicalistas en la aprobación de la Ley de Igualdad y la Ley de Violencia de Género, que ninguna de estas dos leyes están cumpliendo el cometido para el que fueron aprobadas. Al ser la de Igualdad un texto legal no impositivo ni sancionador, y dejar fuera de sus disposiciones a las pequeñas empresas, la mayoría de estas –sino la totalidad- la incumplen, sin consecuencias para ellas. Yo no tengo noticia de que se haya presentado alguna reclamación judicial por parte de trabajadoras en reclamación del cumplimiento de dicha Ley, y ningún empresario ha sido condenado por su incumplimiento.
La Ley de Violencia padece defectos estructurales tan graves que la hacen inoperante, y a pesar de lo mucho que yo he escrito y debatido y propuesto y planteado a los partidos políticos, para su reforma, desde la Plataforma Feminista del Ateneo de Madrid, primero, desde el Pacto Feminista por las Mujeres, después y desde el Partido Feminista, finalmente, no he obtenido ninguna respuesta satisfactoria ni se han modificado los artículos que pedíamos. Y en esta larga batalla, que dura ya diez años, ni CCOO ni UGT ni las Secretarias de la Mujer de los sindicatos me ha dicho una palabra. Nunca he visto a Fernández Toxo ni a Figo en las manifestaciones del 8 de marzo ni del 25 de noviembre, ni jamás les oigo a los dirigentes sindicales en sus comparecencias públicas denunciar el acoso sexual, las diferencias salariales, los trabajos a tiempos parcial, etc. como discriminaciones femeninas.
Y no dudo del trabajo responsable y continuado de las compañeras de la Secretaria de la Mujer, pero me pregunto, si tanto han luchado y dicen que tanta influencia tienen en las resoluciones de los comités, las secretarías y los congresos de CCOO, como afirma Ana Herranz, ¿Cómo es posible que las dirigentes mujeres nunca aparezcan en las comparecencias públicas, que apenas logren hablar unos segundos en la televisión, y siempre en las fechas claves que nos concede el patriarcado, el 8 de marzo y el 25 de noviembre? Fechas arrancadas con dolor a los gobiernos por las feministas del mundo entero, en esta larga lucha del último medio siglo.
Asegura Herranz que las mujeres de CCOO han mantenido una continua “denuncia de la brecha salarial, de la temporalidad del trabajo a tiempo parcial, déficits en corresponsabilidad de todas las trabajadoras sea cual sea su ocupación y sector dónde se ubica, incluidas las camareras de piso y las temporales en lo campos olivareros andaluces y como no puede ser de otra manera de las empleadas de hogar.” Y, ¿cómo es posible que las olivareras y las del garbanzo y las plataneras, sigan trabajando como esclavas, sometidas al derecho de pernada del cortijero, manijero, cacique, capataz, de cada hacienda y latifundio? Y, ¿cómo es posible que las camareras de hoteles y las limpiadoras de hospitales sigan soportando jornadas de 14 horas, multiplicadas sus tareas por 4 y nunca se haya declarado una huelga para exigir un trato mejor? Solo las limpiadoras del Parlamento griego estuvieron acampadas un año frente al Congreso, sin hombres que las acompañaran para exigir que readmitieran a las despedidas. Y desde luego los sindicatos españoles ni se solidarizaron con ellas ni aún nos informaron de esta larga lucha.
Y si los sindicatos se han preocupado tanto por defender los derechos de las trabajadoras, en este medio siglo de tantas luchas, ¿cómo es posible que ellas sigan ganando el 30% menos que los hombres, en todas las categorías profesionales y especialidades productivas, y a veces menos? ¿Cómo es posible que en este año 2015 se publique que el 75% de las trabajadoras sufre acoso sexual por parte de capataces, empresarios y compañeros? ¿Cómo es posible que se pueda despedir a empleadas cuando están embarazadas, cuando la legislación franquista lo prohibía expresamente? ¿Cómo se consiente que se hayan anulado las protecciones a las trabajadoras y ahora estén siendo víctimas de la más extrema explotación en el interior de las minas, en el trabajo nocturno, con el uso de materiales tóxicos? ¿Se han denunciado y publicado las condiciones laborales de las que trabajan en los talleres textiles, en los de confección, en las industrias conserveras, en las fábricas de tabaco, de pólvora, de materiales químicos?
El mapa de las explotaciones femeninas no acaba aquí, pero esta polémica habremos de proseguirla cuando el resultado de las elecciones nos digan qué partidos nos van a gobernar y a legislar. Y hasta ahora ninguno se ha mostrado suficientemente ni informado ni preocupado por las desgracias de las mujeres. Cierto que tampoco vemos en los estrados de la campaña electoral figuras femeninas destacadas en la defensa del feminismo, porque las cúpulas masculinas de los partidos no les han dado la oportunidad de ser protagonistas en estas elecciones.