Opinión
Demos gracias a los dioses
Por Manolo Saco
Natalia Cid Tesouro era una mujer muy piadosa. Ni un solo día olvidaba dar gracias a Dios por haberle hecho nacer en Ourense, en una casa cercana a la catedral, en el seno de un hogar de padres de misa diaria. La sola idea de haber podido nacer en Rabat, por ejemplo, donde nadie le hubiera educado en la fe católica, la verdadera fe, aterrorizaba sus sueños. De haber nacido al otro lado del Estrecho, pensaba ella, estaría condenada a una tortura eterna por haber dedicado toda una vida a adorar al dios equivocado.
Amina Falaha Ben Alí era una mujer muy piadosa. Ni un solo día (cinco veces por jornada) olvidaba dar gracias a Alá por haberle hecho nacer en Rabat, en una casa cercana a la mezquita, en el seno de un hogar de padres muy piadosos. La sola idea de haber podido nacer en Ourense, por ejemplo, donde nadie le hubiera educado en la fe del Islam, la verdadera fe, aterrorizaba sus sueños. De haber nacido al otro lado del Estrecho, pensaba ella, estaría condenada a una tortura eterna por haber dedicado toda una vida a adorar al dios equivocado.