Opinión
Diario de a bordo (I)
Por Ciencias
-Actualizado a
Por Raquel Vaquer
El diario de excavación se queda en suspenso. Esta mañana nos marchábamos a Dmanisi, pero no todos, pues algunos amigos arqueólogos habían sido ya convocados a filas. Ahora tampoco nosotros. Los enfrentamientos entre Georgia y la región separatista de Osetia del Sur –con el definitivo apoyo de Rusia– han provocado una situación de extrema gravedad en la región caucásica. Ayer, mientras estudiábamos los fósiles en el Museo, no dejaban de entrar y salir rostros alarmados dándonos el parte de una historia que cambia por minutos. Por primera vez me olvidé de que los fósiles estaban sobre la mesa, y a la luz gris del día, los cráneos me parecieron marchitos. “No os preocupéis”, nos decían. “No os va a pasar nada”. Eso lo sé yo también. Nosotros siempre podemos marcharnos. El problema es para los que se quedan. Esta mañana nos han recomendado que regresemos a España y ya hemos comenzado los trámites. “Confiamos en que todo se arreglará”, musitan. Pero en las miradas nubladas uno entiende que el verbo confiar despliega la acepción que expresa deseo, y no certidumbre. El verdadero problema para Georgia no es Osetia, sino Rusia. El asedio del gigante no cesa, y la comunidad internacional y sus instituciones imitan a Pilatos. Sólo EEUU interviene de forma velada. ¿Por interés? Por interés, el resto de países se inhiben. No hablo de política, sino de gente, y sobre todo no hablo en nombre de nadie, sino en el mío propio. Todavía estamos en Georgia, pero sobre todo, con ella. Gamarjous, Iberia.