Opinión
Diario de la sabana (I)
Por Ciencias
-Actualizado a
Por Luis Arranz
* Biólogo y director del Parque Nacional de Garamba (Congo)
Después de un mes de vacaciones, acabo de regresar a Nagero, a la base principal del Parque Nacional de Garamba, al norte de la República Democrática del Congo.
El viaje no ha sido bueno. Hemos ido perdiendo una tras otra todas las conexiones que teníamos: en Londres, la de Nairobi; en Nairobi, la de Entebbe; y en Entebbe, la de Arua, al norte de Uganda. La única que no perdimos fue la de Arua a Nagero. Antes de aterrizar sobrevolamos La Maternitée, un rincón del río Dungu donde hay instalados 300 hipopótamos. Como estamos en plena estación de lluvias, donde hace un par de meses se peleaban por conquistar alguno de los lugares lo bastante profundo para sumergirse, ahora solo se les ve cuando asoman la nariz y las orejas para respirar. En el Parque viven unos 4.000 hipopótamos. En la tienda todo huele a humedad y hay que limpiar los hongos que han salido en los sitios más inesperados. La humedad es del 98% y, para rematar, al final de la tarde nos cae una tormenta, para darnos la bienvenida.
Eso sí, todo el mundo viene a saludarnos y enseguida te das cuenta de que hay que empezar poco a poco a cambiar la mentalidad y adaptarla a los nuevos problemas y prioridades. El hecho de que un estadounidense pueda conseguir ocho medallas de oro o que haya una guerra en una zona llamada Osetia no son de las noticias más comentadas por aquí, pero pido un poco de tregua para instalarme. A partir de ahora, empezaremos a recibir e intentar solucionar nuestros problemas particulares.