Opinión
Disidentes
Por Ciencias
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CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL
Tener ideas diferentes en cuestiones de salud humana significa entrar en arenas peligrosas. El ataque de la ortodoxia es más furibundo y cuenta con un golpe de KO nada despreciable: no se pueden permitir ideas aparentemente peregrinas porque juegan con la salud de la población. Una buena política, pero tiene sus peligros: puede usarse para silenciar investigaciones legítimas. Habida cuenta que la salud es y ha sido siempre un floreciente negocio, los profanos nos encontramos vendidos.
Un ejemplo: una farmacéutica saca al mercado, pasando todos los controles de las agencias gubernamentales —a las que supondremos imparciales— un nuevo medicamento. En su desarrollo se ha invertido gran cantidad de tiempo y una insultante cifra económica que la compañía está deseosa de recuperar.
¿Cómo llega a los médicos? Mediante visitadores que venden su producto y en ocasiones, ilegalmente, compran el poder de receta con suculentos regalos. ¿No se pervierte la ciencia en nombre del mercantilismo? Recuerden cuando las farmacias “recargaban” aquellas famosas pulseras contra el reuma. Luego dicen que confiemos en el farmacéutico...
En el caso de los disidentes, muchos de ellos apoyan su crítica en que parte de la medicina está vendida a las farmacéuticas. Esto es especialmente marcado en el campo de la salud mental, donde los criterios diagnósticos cambian con el tiempo.
La llamada “antipsiquiatría” critica el excesivo biologicismo de la profesión (en la cuarta edición del DSM —el catálogo de patologías de la Asociación Psiquiátrica Americana—, de los 374 desórdenes que menciona, sólo dos se cree que tiene un origen traumático o psicogénico). Critica también, y es reconocido incluso por la propia ortodoxia, que las definiciones dadas en los manuales diagnósticos son inconsistentes; que un paciente encaje en los criterios para dos o más desórdenes es regla en lugar de excepción. Es más, algunos trabajos apuntan a que el lenguaje psiquiátrico no es un verdadero lenguaje especializado.
Pero el mayor ataque es contra la industria farmacéutica. El problema viene de largo: Loren R. Mosher, que fuera director durante más de dos décadas del Centro de Estudios de la Esquizofrenia en el Instituto Nacional de la Salud Mental, dimitió en 1998 de la Asociación Psiquiátrica Americana debido a que “con esta acción es mi opinión que estoy realmente dimitiendo de la Asociación Psicofarmacológica Americana”.