Opinión
Don Piso, todo un síntoma
Por Vicente Clavero
El vendaval inmobiliario se ha llevado por delante a una de las firmas de intermediación más importantes de España. Don Piso acaba de anunciar el cierre de sus 120 oficinas propias y un expediente de regulación de empleo que alcanzará a más de 350 trabajadores. No se trata, sin embargo, de una noticia imprevista. Don Piso estaba en venta desde hace trece meses y durante este tiempo no ha logrado despertar el interés de nadie. Por eso, en vista de las malas perspectivas del mercado (ya el año pasado perdió un 66% de facturación), sus propietarios han decidido finalmente tirar la toalla.
El desmantelamiento de Don Piso es el último eslabón de la cadena de desgracias que ha seguido a la compra de Ferrovial Inmobiliaria por Habitat en enero de 2007, presentada en su día como una operación histórica para el sector y que ha terminado como el rosario de la aurora. Don Piso formaba parte del paquete que entonces les traspasó la familia DEL PINO a los dueños de Habitat a cambio de la friolera de 2.200 millones de euros. Como este coste excedía con creces sus posibilidades, BRUNO FIGUERAS y JOSEP SUÑOL tuvieron que reclutar a un puñado de inversores (EMILIO CUATRECASAS, DOLORES ORTEGA, LEOPOLDO RODÉS…) y solicitar un cuantioso crédito.
Lo que parecía un prometedor negocio se dio enseguida de bruces con la depresión de la demanda inmobiliaria por la que atraviesa España debido al brutal encarecimiento de los precios, a la escalada de los tipos de interés y a las restricciones del crédito (los bancos rechazan ahora seis de cada diez solicitudes de hipoteca). Para hacer frente a la situación, Figueras y Suñol intentaron desprenderse inmediatamente de Don Piso so pretexto de que, al ser su especialidad la vivienda usada, no encajaba en el negocio tradicional de Habitat. Luego, este problema pasó a un segundo plano, pues se convirtió en prioritaria la renegociación de la deuda contraída para la adquisición de Ferrovial Inmobiliaria, que ascendía a 1.750 millones de euros.
Una vez alcanzado el acuerdo con los bancos, que costó Dios y ayuda cerrarlo, los propietarios de Habitat han querido soltar sin más demora el lastre de Don Piso. Que tengan que echar el cerrojo, ante imposibilidad de encontrarle un comprador, da idea de la profundidad de la crisis del ladrillo.