Opinión
Educación para la Ciudadanía
Por El Gran Wyoming
Cuando era pequeño (antes de ser Gran), la fiesta de la banderita era el día de la Cruz Roja. Ese día, un ejercito de señoritas ponían una banderita en la solapa a los caballeros a cambio de algo de suelto.
En aquellos tiempos, no había posibilidad de que la fiesta en cuestión hiciera referencia a cualquier otra enseña de esas que tienen contenido nacional. Franco lo tenía claro: “Soy el Caudillo de todos los españoles, no soy partidario de algaradas banderizas”. ¡Algaradas banderizas!
Debe ser a eso a lo que temen los próceres de nuestra patria cuando sienten que la bandera española necesita un homenaje. No les vale con colocar una en la plaza de Colón del tamaño del pareo de Godzilla: ¡Está amenazada!, ¡salvémosla! Las banderas son muy prácticas.
Tienen una parte blanda hecha de tela que representa el sentimiento nacional y otra, dura, que es un palo con el que se puede inculcar dicho sentimiento, como estuvo a punto de comprobar el ex ministro Bono, si no llega a ser por la gestapo, que es como llamó Esperanza Aguirre a los policías que evitaron el banderazo de los energúmenos, que es como llamó doña Esperanza a los presuntos agresores antes de enterarse de que eran miembros de su partido.
Antes de que la amenacen, convirtámosla en amenaza. “En eso, conocerán que sois mis discípulos”.