Opinión
EEUU vuela más alto
Por Vicente Clavero
La reordenación del sector aéreo europeo, sobre la que han corrido ríos de tinta y que seguramente seguirá dando que hablar durante cierto tiempo, tiene su réplica en Estados Unidos, que está siendo escenario de intensas negociaciones cuyo objetivo es afrontar en mejores condiciones el endurecimiento de la competencia, la debilidad de la demanda y la brutal subida del precio de los combustibles.
Mientras que a este lado del Atlántico los gigantes de la aviación civil continúan deshojando la margarita perezosamente, sin decidirse por la pareja que más les conviene, allí el proceso marcha a revienta calderas y, a nada que la suerte les acompañe, acabarán atinando con alguna fórmula que les permitirá conservar intacta su histórica primacía en los cielos.
Las combinaciones son múltiples y prácticamente todas ellas están siendo exploradas. America Airlines mantiene conversaciones con Continental Airlines y con US Airways, y sus directivos tienen la certeza de que una de las dos operaciones culminará “pronto”. Por su parte, Continental, también anda en tratos con United Airlines. En caso de acuerdo entre ambas, la compañía resultante sería la mayor del mundo, con una facturación anual del orden de 35.000 millones de dólares y una plantilla compuesta por más de 10.000 empleados, cifras superiores a las que pueden exhibir las recién fusionadas Delta y Northwest.
Sea cual sea el desenlace de este proceso, todos los actores saben que no les interesa dormirse en los laureles, porque a finales de año habrá un nuevo inquilino en la Casa Blanca, que difícilmente será más receptivo a la concentración empresarial de lo que George W. Bush ha demostrado ser a lo largo y ancho de sus ocho años de presidencia.
En Europa, las cosas marchan mucho más despacio. Sólo ha cuajado de momento una operación de campanillas: la que protagonizaron la frances Air France y la holandesa KLM, hoy felizmente
matrimoniadas.
Iberia y British Airways, después de años de relación, siguen sin atreverse a dar el paso definitivo, a pesar de los arduos intentos de la aerolínea española de bandera para que los británicos reafirmen su compromiso como socios industriales, al que ninguno de los dos le han sacado suficiente partido hasta hora.
Alitalia tras el rechazo frontal de los sindicatos y de los nacionalistas al plan de rescate formulado por Air France-KLM, está hoy al borde de la quiebra y más a expensas que nunca de las ayudas oficiales, que tampoco deberían ser muchas ya, pues ha agotado por una temporada todas las que la Unión Europea permite, como desde Bruselas se le recuerda de tanto en tanto.
Y Lufthansa, en fin, permanece al acecho de una buena oportunidad, que podría ponérsele a tiro en el supuesto altamente probable de que British Airways sea incapaz de satisfacer las exigencias de Iberia, sin duda la pieza más codiciada por los alemanes.
Las cosas, por tanto, no están nada claras todavía en la vieja Europa, que si se descuida llegará tarde también a esta crucial cita con el futuro.