Opinión
Los elegidos
Por Público -
La derecha evangélica tejana anda ahora en la cruzada de lograr que las autoridades educativas de los Estados Unidos impongan en las escuelas la enseñanza obligatoria de la doctrina cristiana. No es una novedad. Lo nuevo es que esta vez los argumentos no van por el lado de la biología –la tesis creacionista del Génesis bíblico frente a la teoría científica de la evolución de las especies–, sino por el lado de la historia. Se quejó Esquilo de que “ni los dioses mismos pueden cambiar la historia”. No sé quién le calló la boca, señalando: “Pero los historiadores sí”. Lo que sostienen esta vez los historiadores de la derecha cristiana de Tejas es que los Estados Unidos no existirían si no existiera Dios. O a la inversa. Da igual.
Lo cual tampoco es novedad. Todos los pueblos del mundo, desde los chinos de hace cinco mil años hasta los chinos de hoy, incluídas las más insignificantes tribus del Ártico y de la Melanesia y de Tejas y pasando por los catalanes y los vascos (para no mencionar a los castellanos), se han considerado siempre los favoritos de Dios. O de su dios, o de sus dioses. Dios está de nuestro lado: si no, no existiría. Los judíos de Moisés, que en la travesía del desierto cargaban el Arca de la Alianza con Jehová. Los alemanes de Hitler, que en la hebilla del cinturón del uniforme nazi se hacían grabar la frase “Gott mit uns” (Dios está con nosotros). Todos los pueblos pretenden ser el Pueblo Elegido. Tejas es, como sin duda saben los lectores, la tierra natal del ex-presidente George W. Bush. Cuando de Bush, entonces en campaña, se burlaron sus críticos señalando que su piernas cortas y corvas y sus largos brazos colgantes y separados del torso le daban los andares de un simio prehumanoide, replicó: “Así andamos en Texas”. Y ganó las elecciones. Cosa que demuestra que es falsa la teoría de la evolución de las especies. Porque, como todos sabemos, la voz del pueblo es la voz de Dios.