Opinión
La escuela es el campo de batalla ideológico
Por Manolo Saco
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No hay pacto educativo, no porque existan grandes diferencias sobre las materias científicas que deben estar presentes en la educación de las generaciones futuras. No hay pacto educativo, no porque las matemáticas o la literatura, o la historia de la filosofía, o la física, o las ciencias naturales sean distintas para cada uno de los partidos de nuestro arco político. No hay pacto educativo porque hemos decidido que la escuela no es sólo un lugar para aprender conocimientos científicos sino, y sobre todo, porque es el apéndice de una determinada concepción religiosa o política.
Creo que no soy el único que, en su candidez, llegó a pensar que el nombramiento de un ministro técnicamente capaz, prestigioso y dialogante hasta el aburrimiento como Ángel Gabilondo desembocaría en el pacto de los pactos, el más necesario e imprescindible, el reto más decisivo para modelar la educación de unas generaciones que están obligadas a hacerlo mejor que nosotros.
Pero no pudo ser. Entre los palos en las ruedas del pacto educativo hay material de diversa procedencia: símbolos religiosos en las paredes, asignaturas de religión que pretenden que sean de catequesis y no de historia, definición del concepto de nación acomodado a los distintos nacionalismos, utilización de las diferentes lenguas españolas que en lugar de servir para entenderse funcionan como material de guerra psicológica.
Y sobre todo, el viejo dilema entre escuela pública y privada, una escuela concertada, perfectamente manipulable económica, ideológica y políticamente desde los gobiernos autonómicos.
Al final, el fracaso escolar es literalmente el reflejo del fracaso de la política.