Opinión
¡Ahí va ese bólido!
Por Ciencias
UNIVERSO // JAVIER ARMENTIA
* Astrofísico y director del Planetario de Pamplona
Leo estos días que en México, cerca de Chicxulub, van a montar un parque temático sobre colisiones cósmicas. En esa región, según apuntan las pruebas, hace 65 millones de años se produjo el impacto de un asteroide o de un cometa que provocó el cambio climático global que dio al traste con los dinosaurios. No es la única gran extinción en la historia de la vida terrestre que puede estar asociada a la llegada violenta de un cuerpo del Sistema Solar. Lo más terribles es que no hace falta que sea enorme para que provoque una catástrofe mundial. Un cuerpo rocoso de un kilómetro de lado sería capaz de provocar una extinción de una gran parte de la humanidad, y desde luego, sumirnos en un caos. Vivimos en una civilización muy frágil, y el cosmos es muy violento. Sigamos con el panorama sombrío: se estima que más de 10.000 cuerpos potencialmente mortíferos existen en órbitas cercanas a la de nuestro planeta. De los que conocemos, ninguno va a impactar en el próximo siglo. Aunque sólo conocemos uno de cada diez.
La observación de los cuerpos rocosos de nuestro sistema planetario nos indica que, aunque ahora es una época mucho más tranquila que cuando se formaron los planetas, hace 4.000 millones de años, estos impactos suceden. Este año se ha cumplido un siglo del último bólido catastrófico sobre nuestro planeta.
Ocurrió el 30 de junio de 1908, en Tunguska, en Siberia, y la explosión, que no causó muertes, destrozó unos 2.000 kilómetros cuadrados de bosque de pinos. Si el impacto hubiera tenido lugar cuatro horas después, se habría producido sobre San Petersburgo, y habría habido un millón de muertos. Ahora bien, preocuparnos como el jefe galo Abraracurcix de que el cielo caiga sobre nuestras cabezas no parece razonable, porque no está a nuestro alcance, y tampoco tiene por qué pasar mañana.