Opinión
Espejos en la luna
Por Ciencias
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INCREÍBLE, PERO CIENCIA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL
Hay quien intenta que se fijen en nosotros posibles civilizaciones extraterrestres. Shawn Domagal-Goldman y Jacob Haqq-Misra, de la Universidad del Estado de Pennsylvania (EEUU), han propuesto recubrir la Luna con espejos y convertirla en una bola de discoteca, un faro que anuncie nuestra presencia al Cosmos. Según sus cuentas, orientados bajo el ángulo correcto aumentarían la cantidad de luz que ya naturalmente refleja el sistema Tierra-Luna en un 20%. Así que si algún extraterrestre gris y cabezón estuviese apuntando su telescopio hacia nuestro Sol en busca de otras civilizaciones de enanitos cabezones, nos vería. Eso sí, para que no nos confundieran con un fenómeno natural, deberíamos hacer variar nuestro brillo de una manera que no llevara a equívoco: los astrobiólogos proponen una secuencia de encendido y apagado basada en los números primos, como sucedía en la novela de Carl Sagan, Contact.
Este tipo de ideas no es nuevo. En 1820 el matemático Karl Friedrich Gauss propuso usar 100 espejos de 175 cm2 para hacer señales a los posibles selenitas. En 1869 el inventor francés Charles Cros publicó en la revista Cosmos el artículo, Estudio sobre los medios de comunicación con los planetas, donde imaginaba un enorme espejo con una lámpara eléctrica que enviase destellos al espacio; incluso propuso utilizar ese espejo para concentrar la luz del Sol en Marte y realizar dibujos quemando su superficie. Así seguro que llamábamos la atención de los posibles marcianos. Y en 1908 el astrónomo William Pickering propuso la construcción de un sistema de señales basado en el de Cros que costaba la friolera de 10 millones de dólares.