Opinión
Esperanza Aguirre nunca olvida
Por Vicente Clavero
No ha desperdiciado ESPERANZA AGUIRRE la inmejorable oportunidad que el destino le acaba de servir en bandeja para pasarle al cobro otra factura a MIGUEL BLESA. Su intervención ha sido decisiva para que Caja Madrid suprima el bonus de 25 millones de euros de su anterior presidente y otros nueve miembros de la alta dirección. Entre ellos, dos que siguen en la entidad (ILDEFONSO SÁNCHEZ y MATÍAS AMAT), así como el responsable de una de sus participadas: MARIANO PÉREZ CLAVER, que desde mayo de 2009 está al frente de SOS, el segundo grupo alimentario español por volumen de negocio.
Al conocer el inminente vencimiento del último pago de ese bonus, que se materializaba en aportaciones periódicas a un fondo de pensiones, Aguirre movió cielos y tierra para bloquearlo. No sólo presionó a RODRIGO RATO, sino también al resto de los representantes de la Asamblea de Madrid en el consejo de administración de la caja. Logró así que lo que iba a ser una suspensión temporal, hasta que sean devueltos los casi 4.500 millones de euros obtenidos del FROB, se convierta en definitiva.
Para dar este golpe de mano, Aguirre se ha valido de la cobertura legal de una directiva comunitaria que, por cierto, todavía tiene pendiente de adoptar España. Y, por supuesto, de la corriente de opinión contraria al reparto de bonus entre los directivos de empresas que hayan salido adelante con dinero público. Una corriente de opinión muy extendida y que está plenamente justificada, pero a la que es difícil dar satisfacción con medidas de carácter coercitivo, sobre todo en regímenes jurídicos tan garantistas como el nuestro.
Esa dificultad, sin embargo, no ha frenado a Aguirre, que es consciente de que el más que probable recurso de los afectados ante los tribunales tardará años en resolverse. Para ella era prioritario dejar claro cómo se las gasta con quienes no se pliegan a sus deseos, que fue el pecado de Blesa y lo que hace 13 meses le costó la presidencia. El largo pulso que ambos mantuvieron se resolvió con la designación de Rato por MARIANO RAJOY para coger los mandos de Caja Madrid, en otra prueba del fariseísmo que con demasiada frecuencia destilan las proclamas a favor de sacar del ámbito
político a estas entidades.