Opinión
La estampita
Por Rafael Reig
Vaya, los periodistas y la sra. vicepresidenta se sorprenden, y por lo tanto no toleran, que en culturas diferentes a la nuestra exista la poligamia, y sin embargo admiten que dos hombres o dos mujeres se denominen matrimonio y puedan adoptar a niños. Sorpresas te da la vida.
DANIEL GONZÁLEZ BARCELONA
A mí me parece muy bien que dos mujeres se casen, o tres, y que adopten niños. No tengo nada tampoco contra la poliandria ni la poligamia. ¿Por qué van a poder casarse dos mujeres y no tres, o una mujer con dos hombres, o los seis entre sí? Lo más gracioso es que, cuando formulas esta pregunta, los biempensantes sólo aciertan a responder con los mismos argumentos timoratos que utilizan quienes rechazan el matrimonio homosexual: que si la tradición,
que si la cultura, etc.
Si alguien va a un país donde la poligamia es legal, ¿no es algo mojigato y hasta muy mentecato sentirse tan “horrorizada” por salir sin saberlo en una foto con un polígamo? Que en Níger, como en otros muchos países, la poligamia es legal no era ningún secreto. Sin embargo, no parecía haber problema en visitarles y lo que hiciera falta. A lo que no está dispuesta Fernández de la Vega es a salir mal en la foto, con un señor polígamo al lado. En realidad, sólo es consecuente: lo único que importa es la foto. Para todo lo demás, la poligamia no tiene la menor relevancia. ¿Por qué? Porque la ayuda al desarrollo, los acuerdos, los planes y demás pamplinas importan un bledo: sólo la foto. Es la nueva política ilustrada a todo color. Si a mi abuela le pregunto qué está leyendo, suele responder: “Nada, sólo miro los santos”. Ahora se hace y se lee la política de la misma forma que lee mi abuela las revistas: mirando sólo los santos, absortos en la fotografía, y da lo mismo que sea Fernández de la Vega con un polígamo, una embarazada pasando revista a las tropas, Rajoy con casco, Aznar con los pies encima de la mesa o Zapatero correteando por la playa sin dejar de sonreír. Es como mi abuela: ¿qué están haciendo? Nada, sólo salir en la foto. Si la política ya es un tebeo ilustrado, sólo hay que sorprenderse y horrorizarse cuando una sale mal en la foto: lo demás qué importa. Total, ¿quién
se va a leer el texto?
Así las cosas, no me sorprende que Zapatero nos haya revelado hace poco que es “un fan del cómic de Tintín”. Tintín es aquel “joven periodista” (así lo llaman) al que, a lo largo de múltiples álbumes y aventuras, jamás vimos escribir ni una sola línea (como me hizo notar una vez José María Ridao). ¿Para qué, si lo importante son las ilustraciones, las estampas de santos? Sin embargo, el que no lee, el que, en política, sólo mira estampas de santos, acaba picando en el timo de la estampita.