Opinión
Esto no pasa en todas las familias
Por Jesús Maraña
Sostienen los más agudos analistas de muy distintos perfiles ideológicos un diagnóstico común: los escándalos de corrupción perjudican a toda la clase política. La tentación de extraer conclusiones generales a partir de un hecho concreto existe desde que el Ebro lleva agua. “Todos son iguales”, se escucha en cualquier cafetería, en los vagones del AVE y en las cocinas del vecindario. ¿Y por qué habría de desgastar el caso Gürtel al PSOE o a Izquierda Unida, a Nafarroa Bai o a ICV? Pues porque así lo han decidido el PP y la carpa mediática que se dedica ahora a deshojar la margarita acerca del cabeza de cartel más conveniente para la derecha en 2012. La cuestión es convencer al personal de que “esto pasa en las mejores familias” (¡será en las suyas!). Se trata de una fórmula eficaz para lograr que el paro sólo desgaste a quien está en el Gobierno, mientras que un latrocinio organizado en el partido aspirante a recuperar el poder debe desgastar por igual a todos los demás partidos.
Si fuera cierto que, por una clave genética desconocida, todo ser humano se corrompe al ejercer la política, lo más saludable para la democracia sería un voto masivo en blanco, al modo de aquella novela de José Saramago en la que los políticos huyen de noche presas del pánico al conocer la indignación de las urnas. El PP puede dormir tranquilo. Quienes aquí repiten que “todos son iguales” se proclaman apolíticos. Y esos suelen votar a la derecha.