Opinión
La excitación del vacío
Por Ciencias
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla
Nada hubo que horrorizara más a Aristóteles, Santo Tomás y, en consecuencia, a todos los padres de la Iglesia que el vacío. Nada produjo más gozo, y a la vez más miedo, desde Demócrito hasta Bohr, que el mundo concebido como átomos interaccionando en un vacío perfecto. Resulta pasmoso pensar que la física moderna quizá le esté dando la razón a los primeros. Concibamos el vacío como la ausencia de materia.
El máximo vacío que se puede alcanzar en el laboratorio contiene millones de moléculas por centímetro cúbico. La atmósfera de la Luna tiene unas cuatrocientas mil moléculas por centímetro cúbico y el espacio interplanetario unas 10. Incluso entre las galaxias, aún se puede encontrar una molécula por cada metro cúbico. Encima, todo el espacio está permeado por los fotones de la radiación de fondo de microondas, o sea, el eco o radiación fósil del Big Bang y oleadas de neutrinos generados en las reacciones nucleares que le dan vida a las estrellas y por su muerte en plan explosiones supernovas. Para más escarnio, la mecánica cuántica contempla las fluctuaciones del vacío: generación espontánea de energía en forma de partículas virtuales que se aniquilan instantáneamente. La estructura del vacío es por esto uno de los enigmas que se espera que el LHC ayude a desvelar.
Todo lo anterior es muy complicado y dramático y la física es prosaica y amable. Quizá por eso los físicos nos hemos inventado un vacío mucho más divertido, porque, de entrada, suele estar completamente lleno. Se define como el estado de mínima energía de un sistema. Imaginemos un pueblo. Concibamos el vacío como la cotidianeidad, o sea, toda la gente con sus problemas laborales, alegrías, tristezas, afectos, enfermedades, etc. Sometamos nuestro sistema a una excitación, por ejemplo, un concierto de Bruce Springsteen el día del santo patrón. Se forma la de Dios es Cristo reaccionando cada uno de manera muy diferente tanto individual y colectivamente. Una vez pasada la fiesta, seguro que hemos aprendido muchas cosas de nuestros vecinos, algunas insospechadas. Esto es lo que se hace en el mundo de los núcleos, los átomos y las moléculas: mandarles una sonda que los excite y estudiar lo que hacen sus componentes cuando se relajan. Piense el lector en todo lo que ha aprendido de sí mismo por este sistema, por ejemplo a través del sexo. Seguiremos sin saber qué es el siniestro vacío aristotélico, pero el método de excitar un vacío repleto nos llenará de satisfacción y sabiduría.