Opinión
Exhibicionismo
Por El Mapa Del Mundo
El gran circo humanitario global, después de los desagradables episodios del Arca de Zoé, los varios escándalos financieros que salpican algunas ONG españolas, y las sombras que se ciernen sobre un nuevo caso en Etiopía, presenta al polifacético y omnipresente Hugo Chávez en su nueva faceta de intermediario en secuestros. Si hace unas semanas se ofrecía para obtener la liberación de Ingrid Betancourt, colombiano-francesa, y otros casi cincuenta prisioneros de las FARC, expectativas multiplicadas por otro gran actor, Nicolas Sarkozy, a su llegada a París, Hugo Chávez ha admitido que en realidad no traía las prometidas pruebas de que Betancourt seguía con vida, sino que el líder guerrillero Marulanda le había asegurado que tendría pruebas (de que los rehenes siguen vivos) antes de fin de año.
El problema adicional es que el Gobierno de Colombia ha exigido un límite temporal concreto para acabar con ese chantaje, condición que Chavez aceptó. Para exhibir tan magro resultado, Chavez no tenía que detenerse en París después de su exhibición mediática en Irán, a menos que su interés principal sea el de atraer la atención de los medios de comunicación de todo el mundo allá donde vaya. La intermediación para la liberación de rehenes es un tema tan serio como necesitado de la mayor discreción, y Chávez, francamente, discreto no es. Pero que nadie se equivoque, conviene volver a insistir en la ignominia de la industria del secuestro en la que se ha instalado la dirección de las FARC.
Pere Vilanova