Opinión

¿Existe el pato Donald?

Por Rafael Reig

-Actualizado a

Resulta llamativo el derroche de medios humanos, económicos y logísticos empleados para informar de la no existencia de Dios. Curiosamente, lo nombran con la voz que todos usamos como propia de Él, mediante la cual lo reconocemos, y que no habría surgido si no existiera. Lo que no existe carece de nombre y, precisamente, nombramos aquello que, de un modo u otro, conocemos o podemos definir. Es la voz que sirve también para incluir en el diccionario, y es siempre el referente adecuado, el elemento vehicular claro para todos. Si una persona, una cosa, ni existe ni ha existido nunca es pura necedad atribuirle un nombre. La insatisfacción íntima se manifiesta de las formas más absurdas.

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