Opinión
Un extraño sentido de la austeridad
Por Jesús Maraña
Los datos que viene publicando este diario sobre ciertas campañas de publicidad contratadas por la Comunidad de Madrid y de las que nunca más se supo desembocan también en la trama Gürtel. Sólo dos de esas ingeniosas creatividades costaron al bolsillo de los madrileños 3,2 millones de euros. Para colmo del disparate, se contrataba a una empresa privada que a su vez decidía a quién se otorgaban las campañas, como si los funcionarios encargados de tal menester no estuvieran cualificados para cumplir la obligación por la que se les paga. A la vista del tinglado, efectivamente, ningún funcionario honesto se habría prestado.
Sorprende el hecho de que, a fecha de hoy, la Fiscalía de Madrid no haya actuado ya de oficio en este asunto. Da la sensación de que, con esos mismos datos, los fiscales de Baleares habrían levantado ya unos cuantos dolores de cabeza.
¿A qué espera, por su parte, Esperanza Aguirre para ofrecer explicaciones en la Asamblea de Madrid? Será curioso escuchar la justificación de unos gastos injustificables de boca de quien con más fervor defiende la necesidad de recortar el gasto público. El discurso de la austeridad sirve al PP, por ejemplo, para privatizar la gestión de determinados servicios sanitarios, al parecer menos necesarios que esas campañas fantasma cuya creatividad era invisible, aunque costaba más que forrar Madrid de marquesinas.