Opinión
Una familia en el ojo del huracán inmobiliario
Por Vicente Clavero
El descalabro bursátil de Colonial, que el 28 de diciembre vivió su particular viernes negro, tiene con la mosca detrás de la oreja a la CNMV. Un batacazo como el que sufrió el último día de cotización del año pasado no es moneda corriente, por más que los recientes avatares de la inmobiliaria invitaran al pesimismo. Además, llovía sobre mojado porque en la sesión anterior la presión vendedora ya había forzado un notable descenso del precio de la acción, cuya descapitalización superó el 40% en dos jornadas.
LUIS PORTILLO, presidente de Colonial hasta el Día de los Inocentes, ha hecho saber al regulador que conserva intacta su participación en la compañía y que, por lo tanto, nada tiene que ver con el hundimiento de valor de la semana pasada. Pero al segundo socio de referencia, Nozar, propiedad de la familia NOZALEDA, no le ha quedado más remedio que reconocer que parte de sus títulos sí salieron a la venta, aunque ayer no supo o no quiso precisar en qué cuantía. Antes de emprender su desinversión, Nozar estaba en posesión de un paquete representativo del 16,3% del capital, que vale hoy 780 millones de euros menos que hace sólo doce meses.
Si la avalancha de papel del 27 y el 28 tiene que ver con los Nozaleda, se explicaría la docilidad con que sus dos representantes en el consejo de Colonial, LUIS EMILIO y CLARA, aceptaron unir sus destinos a los de Portillo renunciado a su condición de administradores, a pesar de que no habían estado directamente involucrados en la gestión de la empresa. Quizás intentaban evitar con todo ello una reedición de su papel en la crisis de Astroc, que también les pilló de lleno. No sólo les costó mucho dinero, sino que otro de los hermanos, JUAN CARLOS, debió echarse a las espaldas el peso del grupo cuando ENRIQUE BAÑUELOS abandonó la presidencia a principios de verano.
Cualquiera que haya sido su influencia en la debacle final de Colonial, lo cierto es que 2007 no ha resultado precisamente un camino de rosas para esta familia de procedencia mexicana, pero de hondas raíces en Asturias, de donde eran sus antepasados. Si en 2006 se las prometía muy felices gracias a la fusión de Colonial con Inmocaral, en la que eran socios importantes, ahora apenas queda polvo de estrellas de su efímero paso por lo más alto del firmamento empresarial.