Opinión
El fanatismo viste de Prada
Por Javier Vizcaíno
Esa soflama de monje templario con hemorroides la soltó en La Mañana. En La Linterna, pastoreada ahora por el tibio Juan Pablo Colmenarejo, el autor de Coños, librejo con portada ginecológica, nos mostró cómo sus conocimientos en materia sexual no llegan más allá del onanismo. Atiendan a la metáfora del chisgarabís tratando de justificar al infalible Ratzinger: “Lo que hacen los progres con el SIDA al repartir condones es exactamente igual que si a un pirómano le dicen que no se preocupe, que queme el monte, porque luego le van a dar un extintor para apagar lo que ha quemado”. Prada: el extintor es para después del fuego; los condones se ponen antes de que haya fuego... de otro tipo, claro. Luego, ya no sirven.
González Ferrari reivindica el landismo
Tal vez sea a estas gañanadas a las que Javier González Ferrari se refería ayer en el comienzo de su columna en La Razón: “La España de Alfredo Landa, pero sin talento ni gracia, ha vuelto”. Ya sé; el presidente de Onda Cero iba por otros derroteros. Sólo he transcrito la frase porque no doy crédito a que alguien reivindique el landismo como algo caracterizado por la gracia y el talento.
Tampoco debería sorprendernos. Tales cualidades se le atribuyen también a Alfonso Ussía, que en su última deposición en La Razón plagió al otro Bigotes, la luminaria de Georgetown: “Se tiene que ir, Zapatero. De nuevo, han demostrado los socialistas que no respetan el sufrido dinero de los contribuyentes. Necesitan más. No se sabe para qué. España no se merece este Estado ladrón y caprichoso”.