Opinión
Los fascismos salen a la calle
Por Manolo Saco
Lo que distingue a un Estado de derecho de las repúblicas bananeras y de las dictaduras es que las leyes son iguales para todos, y se aplican según la gravedad de las faltas y delitos, y no según el humor de los jueces o la conveniencia de los gobiernos o de las campañas de imagen de determinados partidos políticos.
Iñaki De Juana Chaos acaba de salir de la cárcel tras cumplir una condena que a casi todos nos parece ridícula (el tiempo de cumplimiento efectivo, no la pena, que fue de varios miles de años) por el daño inferido, por la saña con que se cometió y por la falta absoluta de arrepentimiento del asesino. Con tales premisas, sale De Juana Chaos, y de paso se da la salida a la carrera de “patriotas de hojalata” para ver quien es más rápido en sus reacciones desmesuradas, quién se golpea el pecho con más fuerza, quién llora más y mejor, quién demuestra más decencia y compasión, según el insultómetro y el compasiómetro, quién se apiada más de las víctimas y de sus familiares.
La extrema derecha del PP, la AVT, convocó su manifestación particular en la Plaza de la República Dominicana de Madrid, lugar donde De Juana cometió su atentado múltiple contra guardias civiles. Volvieron a oírse gritos contra Zapatero, y acusaciones contra el gobierno de no haber “hecho más” para impedir que el asesino ande suelto otra vez, a la vez que exigían airadamente la reforma de las leyes para que una situación así de desamparo social no vuelva a repetirse.
¿Y quién estaba al frente de la manifestación, haciéndose la foto ante las cámaras? Pues la extrema derecha que ha hecho de la utilización de las víctimas del terrorismo su medio de subsistencia... con la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, la segunda cabeza visible del Partido Popular.
¿Os parece un déjà vu? ¿Quizá una pesadilla recurrente que nunca acaba de abandonarnos? Pues sí, allí estaba ella, utilizando de nuevo el dolor de las víctimas en provecho de su convento, exigiendo el cambio de unas leyes que ellos, sus correligionarios del PP, no tuvieron a bien cambiar en los ocho años que gobernaron.
Las pesadillas se padecen cuando tenemos sueños. Así que nos está bien empleado a los que soñábamos que con gente como Cospedal los viejos y repugnantes hábitos de partido fascista marginal habían sido superados.
Sólo nos queda volver a ver a Rajoy un día de estos asomando entre la enorme bragueta de la sotana de Rouco en la próxima manifestación contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Y vuelta a empezar.