Opinión
Fútbol total
Por Rafael Reig
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Emmanuel Monier declara: “Todo es político, aunque lo político no lo sea todo”. Hoy en día son demasiadas las personas que afirman que pasan de la política, y otras que dicen que fuera de la política no hay salvación. En nuestro país muchos han hecho de la política un negocio, los escándalos de corrupción, las alianzas espurias, la inercia interesada de las oligarquías y la sumisión de nuestros políticos a la macrodictadura del capitalismo neoliberal. Por todo ello es precisa una democracia de hecho, donde los ciudadanos participen activamente en las decisiones diarias de sus políticos, tal como lo hace en el fútbol, leyendo prensa deportiva, escuchando los informativos, opinando en los bares sobre las alineaciones de sus equipos. El día que nos interese la política de igual manera viviremos en una sociedad más democrática y haremos de la política la vocación más noble, y de su ejercicio un acto de civismo y de entrega a los ciudadanos.
PEDRO JOSÉ NARVÁEZ BENÍTEZ CÁDIZ
Lo que sí ha conseguido es sorprenderme, Pedro José. Aunque no tengo ni idea de quién rayos es el tal Monier, leía su carta con agrado: es verdad que hace falta más participación y tal, como, por ejemplo, sucede en... ¡el fútbol! Para mí el fútbol es el paradigma opuesto: un espectáculo (embrutecedor, en mi opinión). Como tal, la única participación que se tolera es pasiva. A un lado están los actores; al otro lado (separados por rejas metálicas), los espectadores. Los actores son jóvenes atletas, mientras que los espectadores por lo general serían incapaces de echar una carrera ni para coger el autobús. A partir de cierta edad, nadie juega al fútbol (salvo los profesionales): es como contemplar un campeonato de canicas. Opinan, sí, tal y como usted dice, en la barra de un bar: ellos ya no juegan nunca.
Los aficionados al ajedrez, por ejemplo, seguimos la información sobre las partidas, pero además todos jugamos, reproducimos en nuestro tablero los movimientos de los maestros y estudiamos con atención sus aperturas. Por supuesto, entre Karpov y yo hay tanta distancia como la que separa al tipo de la barra del delantero del Madrid. Y sin embargo, la actitud es por completo diferente: mejor o peor, nosotros jugamos, nunca somos espectadores del todo pasivos.
Yo creo que la política nunca debería ser sólo un espectáculo, donde unos juegan y otros miran, sino que todos jugamos. Aun así, incluso como espectadores, no creo que debiéramos tomar como ejemplo al fútbol. No se trata de votar para que sean otros los que jueguen. Si ha de ser espectáculo, por lo menos que sea como el ajedrez, con espectadores informados, que también saben jugar y que analizan con atención las partidas de los profesionales.