Opinión
Gaia se está vengando de nosotros
Por Manolo Saco
La hipótesis de Gaia (tierra, en griego) tuvo un gran éxito hace dos décadas, cuando todavía la palabra globalización no había triunfado. Según los científicos que la propusieron, el planeta Tierra se comporta como un gigantesco organismo vivo que se autorregula y que respira y controla sus necesidades vitales y de oxígeno o de distribución de la temperatura. Y como gran organismo que es, puede enfermar. Una tala incontrolada en el Amazonas podría asfixiarla, una nube tóxica mayor que la de Chernobil contaminaría a millones de personas a miles de kilómetros del accidente, la sobrepesca en el Pacífico amenaza con dejar secos de vida todos los mares del planeta.
La globalización de esa vida tiene su reflejo en la economía. El comportamiento de determinados financieros desalmados podría acabar con la economía tras su implacable sobrepesca de beneficios. Recuerdo que cuando leí las primeras noticias sobre las hipotecas basura, un suceso extraño que estaba ocurriendo a 6.000 kilómetros de mí, pensé que la nube tóxica jamás llegaría a afectarme.
Así, como ladrón en la noche, comenzaron las grandes tragedias de la humanidad. Un número insólito de familias que de pronto no puede hacer frente a sus hipotecas. La peste bubónica que apenas comienza con unos vecinos que tosen en exceso. La “gripe española” de 1918 que mata a cerca de 50 millones de personas mientras la humanidad se empeña en matarse paralelamente a tiros, enfrascada en su primera Gran Guerra mundial.
Tengo ahora la desagradable impresión de que mientras todos pensamos que la crisis es económica, Gaia se está riendo de nosotros, preparando una pandemia de gripe porcina de consecuencias planetarias, sin respetar dignidades ni fronteras, de América a China, de Moncloa a Génova 13. Creo que durante una temporada vamos a odiar el cerdo.
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Meditación para hoy (no es de mi cuñado, y se nota, lo siento):
¡Qué horrible perspectiva
para un islamista de China
la posibilidad de palmarla
por una gripe porcina!
¡Qué desprestigio de muerte!
¡Vaya suerte más cochina!