Opinión
Gibraltar, cómo no
Por Javier Vizcaíno
-Actualizado a
Por si no se había comprendido lo de “servilismo diplomático”, Iñaki Ezkerra lo traducía a román paladino: “Lo que de veras avergüenza es la bajada de pantalones. Eso sí que da una vergüenza que nunca podrá llamarse 'ajena' porque nos pringa a todos los españoles”. ¿A todos? Habría que preguntar uno a uno, ¿no?
¡Que viva Munilla!
El encargo de escribir sobre la ofensa del peñón retrasó la segura intención de Ezkerra de soltar diez hurras por el nombramiento de Munilla como Obispo de Donostia. Lo hará esta misma semana, ya verán. Mientras, le tomaba la delantera en el alborozo su compañero Alfonso Ussía, que cumplió el guión previsto y atizó al monseñor relevado y a su antecesor: “Uriarte, como Setién, sólo ha sido obispo de los guipuzcoanos nacionalistas y allegados a las cloacas batasunas, y puede ser considerado un maestro en establecer equivalencias entre las víctimas y sus asesinos, las familias de los muertos y los familiares de los delincuentes apresados”.
Desde ABC, y también conforme a lo previsto, Antonio Mingote se sumaba al festejo por el nombramiento de quien en opinión de Joseba Egibar -y de unos cuantos más- sólo tiene a su derecha la pared. En la viñeta, un vasco tocado con la txapela reglamentaria decía a otros dos ataviados con idéntico uniforme: “Nosotros hemos dejado bien claro el quinto mandamiento: 'No matarás a quien no lo merezca'. A ver si ese obispo nuevo que no es nacionalista nos sale reaccionario y lo deja como estaba”. En su línea.