Opinión
No es Google contra Microsoft; es gratis contra pago
Por Ciencias
JOSÉ CERVERA
¿Y si resultara que en el enfrentamiento entre Google y Microsoft a los usuarios nos conviene que gane Redmond? La empresa que dirige Ballmer no ha conseguido labrarse ninguna simpatía a lo largo de los años, a pesar de sus numerosas e importantes contribuciones a la informática personal y a la existencia misma de Internet; sin un sistema operativo claramente dominante, la extensión de la Red hubiese sido mucho más complicada. En cambio para el comparativamente recién llegado Google todo son carantoñas y parabienes, con su imagen de marca simpática y su lema bienpensante (Don't be Evil, no hagas el mal). Claro que en el 'debe' de Microsoft hay agresiones tan imperdonables como Windows 3.1, todos los Explorer antes del 6, Windows Me o el propio Vista. Por no mencionar el asesinato de Netscape, cometido violando la legislación tanto de los EE UU como europea; todo un récord.
Pero lo cierto es que si Google se sale con la suya, nuestros datos acabarán en su voraz e infinita panza; como los correos de GMail, que no están albergados en nuestro ordenador sino en alguna parte de los laberínticos centros de datos de Google, les ocurrirá a nuestras cartas de amor, nuestros poemas inconclusos, nuestros planes de negocio a medio hacer o nuestras geniales recetas secretas de salmorejo. Chrome OS, como Android, como el propio navegador Chrome, está diseñado para mejorar y favorecer el uso de la 'Nube', ese nuevo viejo estilo de computación que consiste en que el ordenador de casa sea lo más tonto (y barato) posible, mientras que del trabajo duro se encarga el servidor que está al otro lado de Internet, invisible pero ubicuo: el Googleputer. Y que todos nuestros datos estén en manos de terceros, encima siendo estos terceros una empresa, y estadounidense por más señas, a más de uno nos escama.
El modelo de Microsoft, en cambio, es mucho más 'pccéntrico': aunque parte de las funciones de la máquina se delegan en el ordenador ajeno, los datos se siguen almacenando mayoritariamente en nuestra máquina. Lo cual los deja a merced del descuido y la desgracia, pero menos al alcance de las avariciosas manos de algún ejecutivo ambicioso. Lo más divertido de todo es que al final la elección será nuestra; dependerá de la pasta, y probablemente la tomemos mal. Porque el modelo de Microsoft puede que sea algo más seguro desde el punto de vista de la privacidad y la independencia personal, pero es más caro: necesita un ordenador más grande, y además Redmond cobra. Google, en cambio, nos solicita nuestros datos pero a cambio nos ofrece gratis un servicio impecable en ordenadores que todos nos podemos pagar. Y como en otros ámbitos de la Red, como los medios, a la larga el gratis ganará al de pago y acabaremos acomodándonos voluntariamente en las afelpadas y multicolores garras de Google. Qué tiempos aquellos, cuando el enemigo lo teníamos delante, y estaba claro quién era quién...